La alegría de pertenecer a la comunión de la Iglesia
Como lo prometido es deduda, presento ahora en el blog la crónica de la toma de posesión de D. Luis Quinteiro como Obispo de Tui-Vigo, que tuvo lugar en la tarde de ayer en la catedral de Tui. Firma la crónica la enviada especial de La Puerta de Damasco, Yolanda:
Caminar por Tui a la hora de sobremesa, en una tarde cálida aunque nublada es –salvo por lo dolorido de unos pobres pies que han pisado todos los empedrados de la zona con el más inadecuado y desacostumbrado calzado- una delicia. Me acordaba aas: placas conmemorativas, estatuas y nombres de calles recuerdan a los antecesores ilustres de don Luis Quinteiro Fiuza. Y, según don Guillermo nos explica los detalles, los tres recordamos con una sonrisa cariñosa a nuestro nakmigo antiguo alumno salesiano. Otro encanto del paseo: todo el mundo saluda a nuestro párroco virtual con muestras de amistad y reverencia. Y es que, ya lo comenté ayer, don Guillermo tiene exactamente el carácter que todos conocemos en el blog; no da ninguna sorpresa: a los cinco minutos parecía que estuviéramos con alguien a quien conocemos personalmente hace mucho. No es de extrañar, pues, ver con cuánta alegría lo saludan sus muchos conocidos a su paso por las calles tudenses.

Homilía para el Domingo IV de Pascua (Ciclo C)
La sociedad de la comunicación parece querer empujarnos a respuestas simples para todos los problemas. Un titular no suele ser matizado. Pero el pensamiento humano no puede dejarse encadenar por la lógica de los titulares. A casi nada se puede responder, de modo tajante, “sí” o “no” y no hay que ser relativistas para tener que recurrir, muchas veces, al “depende”.
Entre los seguidores de este blog – inteligentes, fieles y divertidos – se ha creado una fraternidad que no por “virtual” resulta menos “real”. En esta era cibernética, el “otro” ya no es, exclusivamente, el que está delante de mí. Es también el que está conectado a su ordenador e interactúa conmigo.
Reproduzco aquí un artículo mío de 2005. Tal día como hoy estaba en la Plaza de San Pedro aguardando con ilusión la “fumata blanca". Recuerdo la enorme alegría de todos los allí convocados al escuchar el anuncio de un nuevo Papa, el Cardenal Ratzinger:












