No hay que hacer las cosas simplemente de otro modo, hay que hacerlas mejor
Estamos asistiendo a una transformación del mundo. Los ideales de las democracias occidentales parece que ya no convencen a todos. Y no escasean los motivos para el descontento: las desigualdades sociales, que perviven, y una cada vez mayor invasión ideológica que tiende a erigir lo “políticamente correcto” en norma absoluta, que no admite la disidencia.
Ya casi, o sin “casi”, es delito discrepar de la opinión de que el Estado financie, con nuestros impuestos, el aborto; de que se equiparen, a todos los efectos, las uniones homosexuales a lo que, hasta ahora, era el matrimonio; de que se haga normativa la llamada “ideología de género”, etc. La democracia puede llegar a ser muy “totalitaria”, puede llegar a ocupar todos los espacios y a no dejar ninguna posibilidad para la discrepancia y la objeción de conciencia.
La iniciativa de algunos ayuntamientos de borrar de la lista de las calles de la ciudad aquellas que lleven como nombre el de un santo, o el de alguien o algo vinculado a la fe católica, es una muestra más de este afán totalitario. Los políticos no son los dueños de la sociedad, ni de sus recursos económicos, ni son, tampoco, quienes han de decidir sobre fe o ateísmo, sobre inmanencia o trascendencia. Los políticos están para escuchar a la sociedad y para servirla, no para imponer a una parte de ella lo que ellos creen que representa a otra parte.
La fe católica no es respetada si simplemente se tolera la profesión privada y se obstaculiza su manifestación pública. Porque los ciudadanos que somos católicos tenemos el derecho a ser respetados, no como el resultado de una concesión graciosa, sino como un derecho humano. Y no solo a ser respetados en el ámbito privado, sino también, y para eso está la autoridad, en el ámbito y espacio público.

Manuel Erice (con la colaboración de Muni Jensen), “Trump. El triunfo del showman”, prólogo de Javier Ruipérez, ed. Encuentro, Madrid 2017, 240 p., 20.00 euros.
1. Valorar, un poco más, la Hoja Parroquial. Se trata de una hoja parroquial, “Parroquia”, que nos informa, mensualmente, sobre la vida de la Iglesia universal, diocesana y, también, del ámbito parroquial. Yo creo que merece la pena leerla y valorarla. Animo a recoger esta “hoja”, que siempre está disponible a la entrada del templo parroquial. Puede que no sea perfecta, pero siempre nos dirá algo si estamos bien dispuestos a recibirla.






