¿Estamos a la altura de la guerra cultural?

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Pierpaolo Cosoualdo
Padre Javier, después de escuchar su última entrevista, me han venido a la mente un par de cuestiones. Según su opinión, en la batalla contrarevolucionaria, ¿cree usted que es posible una reconciliación entre Tomás de Kempis, "presunto" autor de la Imitación de Cristo, y Maquiavelo? Bueno, es una pregunta un tanto "tendenciosa", pero muy justificada por ciertos hechos acaecidos pocos años atrás de los cuales sus responsables contrarevolucionarios tienen sólo dos opciones: arrepentirse y reparar en el modo en que se pueda, o bien obstinarse en la bondad de lo realizado autojustificándose del mejor modo posible. En ese mismo orden: ¿es aconsejable o desaconsejable la lectura de la Imitación de Cristo? La pregunta responde a una dificultad: me queda la impresión que los que no se alínean con cierta línea contrarevolucionaria o no comparten algunas opiniones que se presentan como certezas pasan a ser mojigatos que estorban, a los cuales es necesario suprimir, o al menos dejar sin trabajo. ¿Sería eso "cristiano"? ¿Responde más bien al derecho a la "defensa personal" o es parte de la lucha "contrarevolucionaria" el ninguneo del "adversario"? ¿Responde ello algún criterio "tomístico" o "patrístico" formulado en alguna obra perdida de algún santo Padre o de santo Tomás de Aquino? Como la respuesta se me escapa, por las dudas, pregunto. Tal vez sea una cuestión de desinformación. En ese mismo línea de preguntas, san Ignacio de Loyola, al proponer la lectura de la Imitación de Cristo y en concreto la configuración con Él en la segunda y en la tercera semana de Ejercicios Espirituales, ¿es un representante nefasto de la Devotio moderna, un "contrarevolucionario" antiluterano que incentivó la lucha por la santidad como respuesta al caos instalado en la Ciudad de Dios, o un ideólogo que engañó a un millares de seguidores con la utopía de que "a todos quieran ayudar a..." (cf. meditación de la "llamada del Rey eterno" y "Dos banderas")? En concreto, ¿qué lugar hay que dar al "tercer grado de humildad" en una espiritualidad "contrarevolucionaria" que no sea súcuba al modus operandi de la revolución anticristiana? Tengo algún par de preguntas más: ¿cuál es su concepto sobre la Iglesia como "cuerpo místico de Cristo"? Si la pertenencia a la Iglesia fundada por Jesucristo implica necesariamente ser uno de sus miembros, ¿cuál es el criterio para determinar con certeza que una persona pertenece realmente a la Iglesia fundada por Cristo y que por tanto es miembro de Cristo y que está, en algún modo, aunque sea imperfecto, en comunión con Él? Es una cuestión teológica muy interesante, que se desprende un poco de las afirmaciones que usted atribuye a san Agustín en la Ciudad de Dios; de la respuesta me parece que responde el "modus operandi" también para un católico contrarevolucionario en su trato con los demás miembros de Cristo. Por último, un católico contrarevolucionario que no se quiere dejar engañar por grupos sectarios ni ideológicos, ¿tiene formulado algún que otro criterio de discernimiento para darse cuenta que su modo de pensar y de obrar corresponde realmente a la voluntad de Cristo y no a la de Satanás vestido de "ángel de luz"? Bueno, no creo que le interese a usted publicar toda esta serie de cuestiones, pero se las dejó picando como materia para seguir investigando... "para que no te la cuenten". Un cordial saludo de su viejo amigo Pierpaolo Cosoualdo, un servidor que trabaja cuando puede, o cuando le deja "la contrarevolución", que lo mantiene muy ocupado. "Usquoque"? Hasta cuando el Señor lo permita. Por eso me permito revelarle mi ferviente súplica: "O Gesù, pensaci tu", con aquella misericordia infinita que manifiestas siempre con los pecadores arrepentidos, en particular con los que andan por caminos equivocados, que no son de tu agrado, aunque crean dar gloria a Dios por la nobleza de su "buena intención".
29/12/23 7:04 PM

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