Súplica Extrema
Muchos no entenderán de dónde brotan estas peticiones. Pero otros muchos sí lo comprenderán, y algunos incluso harán conmigo estas súplicas ante tanto dolor, tanta incoherencia y tan poca acción de parte de quienes deberían seguramente intervenir.
- Que les arda la boca cuando digan otra mentira.
- Que en sueños reales vean los cadáveres de los fetos que mandaron despedazar.
- Que les fatigue su ocio vacío e irresponsable.
Que la sensación de absurdo por fin se haga evidente a sus almas hasta hacerles recapacitar.- Que se les peguen los labios con la próxima promesa falsa.
- Que empiecen a sentir pánico de su horrendo rostro en el espejo, por tantas traiciones.
- Que se despierten con algo muy amargo en la boca y se pregunten por el hedor de sus torpezas.
- Que les canse en extremo otro pecado más y por fin levanten sus ojos al cielo.
- Que en medio de sus discursos vanos y tramposos se les confunda la mente y un día recapaciten.
- Que la ternura les dé aquella sorpresa que la crueldad jamás pudo darles.
- Que se sientan ridículos por tantos engaños y que un niño pequeño se lo haga sentir.
- Que tú hagas, Señor, lo que tengas que hacer pero que tus enemigos te busquen y al fin, con libertad y amor, te encuentren.
Publicado primero en mi cuenta de Twitter.


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Un clave interesante es observar que en la Biblia el trabajo siempre tiene carácter de “medio,” es decir: se trabaja para algo o para alguien. Trabajar no es un fin en sí mismo. por contraste, la palabra “descanso” nos invita, y casi obliga, a mirar cuáles son los “fines,” cuál es el “para qué” de nuestros esfuerzos, y aun de nosotros mismos, y del universo. En este sentido sí resulta razonable hablar de que Dios “descansa,” porque la contemplación de la belleza y bondad propias de la creación es un acto propio de Dios, propio de su conocimiento y de su amor. Por supuesto, eso le da también el sentido a nuestro propio descanso semanal, que en el caso de los cristianos corresponde al domingo, día de la Resurrección: santificar el domingo es no dejarnos encadenar por el “producir-consumir-entretenerse” que nos propone e impone el mundo.





