Así Funciona el Mundo
Las 40 Mentiras y Medias Verdades más frecuentes de nuestro Tiempo

A. La Verdad y la Libertad
1. Entendemos por “normal” aquello que hace, piensa o dice la mayoría. Entendemos por “anormal” –o por lo menos “sospechoso"– aquello que contradice nuestro modo de vida o pretende criticar a fondo los principios que siguen.
2. La verdad como tal no existe, pero hay dos aproximaciones útiles: la explicación de los expertos, dentro de su propio campo, y el consenso entre los que representan intereses de grupos o colectividades.
3. Una verdad olvidada, callada, inútil o perjudicial ya no es verdad.
4. Una mentira, si se repite el número suficiente de veces, se vuelve una verdad.
5. Prudencia es lo mismo que astucia; por lo mismo, la verdad es en general imprudente.
6. Felicidad significa triunfo, ganancia, poder, disfrute, o una combinación de ellas.
7. Cada persona sabe lo que es mejor para sí misma. Si no lo sabe, peor para ella.
8. No interesa a la sociedad lo que acontece en la vida privada de sus miembros. Aunque también se pueden abrir mercados vendiendo privacidad.
9. Interferir en la decisión que alguien toma sobre sí mismo es irrespetar su libertad. Así que no es necesario salvar a nadie de sí mismo.
10. Una vez que una persona es adulta, nadie debe impedir sus palabras o sus actos, a menos que sea en nombre de los derechos de otros interesados. Si es preciso frenar a alguien, hay que buscar una ley que venga al caso, o alguien de fiar que haga el trabajo sucio, en palabras o en obras.
11. Arrepentirse es volverse débil; lo que hay que hacer, en último y extremo caso, es “reinventarse".
12. La fidelidad o la lealtad, cuando no coinciden con la propia conveniencia, son sencillamente esclavitud y estupidez.

Recuerdo haber visitado una página web de un hombre que se manifestaba ateo. Un tipo muy inteligente y muy versado en asuntos de ciencia, filosofía e historia. Parecía tener un arsenal inagotable de recursos de todo tipo para demostrar cuán absurda y perniciosa es la idea de creer en un Dios. Como conclusión de todas sus invectivas terminaba diciendo: “sólo necesita un pastor el que se cree oveja.” Según su opinión, ahí estaba el resumen de la religión: las limitaciones de nuestro ser humano nos hacen proclives a buscar un consuelo y una explicación afuera de nosotros, o, como decía Feuerbach: “no es Dios el que ha creado al hombre, sino el hombre el que ha creado a Dios.”
Desde que oí por primera vez la deliciosa expresión “políticamente incorrecto” me cautivó. Tiene sabor de secreto, de acuerdo tácito, de sonrisa apenas sugerida, de guiño en la penumbra. Es el adverbio, por supuesto, el que pone todo el sabor. La cosa no es simplemente “incorrecta” (eso sería moralismo retardatario) es políticamente incorrecta.
Cuando los británicos protestantes empezaron a tomar posesión por la fuerza de los templos católicos en Irlanda hubo un enfrentamiento cultural y civil, por supuesto, pero también la confrontación de dos modos de ser iglesia. Tal vez la mejor manera de percibir la diferencia es preguntarse qué clase de diálogo pudo darse en tales circunstancias, a principios del siglo XVII. La respuesta puede ayudar a entender por qué existe una Latinoamérica católica, por qué Polonia es baluarte del catolicismo en Europa Occidental, y por qué el avance teológico no suele ir a la par con el avance misionero.