Momento emocionante en que la flaqueza del argumento progre sale a luz
El argumento moral por excelencia en la pseudo-filosofía “progre” – que hoy por hoy invade a la mayor parte de Occidente – va de esta manera: “Si los implicados son adultos, y no se obliga a nadie, y no hay daños a terceros, déjalos en paz.”
Ese es el argumento básico detrás de la eutanasia o del matrimonio gay, por ejemplo. Una versión modificada sirve para legalizar el aborto o el consumo regulado de drogas psicotrópicas. En todos estos casos la suma de las razones presentadas es: “Si ellos quieren, y no hace daño a otros, ¿por qué no?” Detrás de su aparente aspecto amable esta postura entraña un espantoso egoísmo y una falta seria de apoyo en alguna forma de realidad más allá del acuerdo intersubjetivo. Las consecuencias, a veces trágicas, a veces cómicas, de este modo de argumentar aparecen pronto, como ha sucedido en una noticia publicada hoy.

Si preguntamos a los diarios, a los periódicos, cuál es la mayor diferencia entre el mundo de hace un año y nuestro mundo actual, creo que un buen número de respuestas apuntarían hacia la palabra recesión. Es el término que está todos los días en las noticias, por estas fechas, y con él, una lista penosa de males: desempleo, quiebra, baja en la inversión, pérdida de vivienda, etc. Dos hechos hacen más sombrío el panorama: saber que la crisis tiene proporciones globales y comprender que sencillamente nadie tiene una solución a corto plazo, una “receta” para salir del mal momento.
Sí, ya sé que no es buena idea hablar en términos políticos de la Iglesia, cuya realidad es esencialmente teológica. Y sí, tengo claro también que para nadie que ame a Cristo puede ser una buena noticia que los discípulos y los ministros de Cristo sean ocasión de escandalo. Pero también veo con claridad que el silencio es una forma de complicidad, a veces, y veo del mismo modo que tenemos que aprender a sacar las lecciones de la historia, según aquello de que ignorar la historia es repetirla.