4.06.08

Muchos casos de lesbianismo se pueden prevenir (3 de 4)

La tentación de “dejar en paz”

Siglos enteros de clara discriminación y agresividad contra la población homosexual hacen que una proporción notable de gente de nuestro tiempo se sienta con complejo de culpa a la hora de hablar del asunto. Algunos comentarios recibidos en entregas anteriores sobre este mismo tema así lo reflejan. Van en la línea de : “Oye, ya los hemos maltratado bastante, ya déjalos en paz…”

Dejarlos en paz equivaldría, en la práctica, a garantizar para ellos y ellas una convivencia pacífica y una integración plena dentro del aparato jurídico del Estado, así como en el desarrollo de la vida laboral, familiar, afectiva, etc. En otros términos: este “dejar en paz” no es quedarse tranquilo sino luchar por la extensión de unos mismos derechos civiles, incluyendo por supuesto el reconocimiento del matrimonio gay, su adopción de niños, y todo aquello que, por ejemplo en España, ha sido bandera del Partido Socialista.

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3.06.08

Muchos casos de lesbianismo se pueden prevenir (2 de 4)

El rol paterno es crítico

El amor de un papá es una de esas maravillas que está por convertirse en “especie en vía de extinción.” Los que critican el patriarcalismo y el machismo (que no son inventos, porque sí que se dan) corren el riesgo de engañarse o de engañar a otros haciendo creer que el amor masculino es siempre dominación, egoísmo, uso del otro. Precisamente lo hermoso de un papá, de un verdadero papá, es que ama sin aplastar y ama sin utilizar.

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2.06.08

Muchos casos de lesbianismo se pueden prevenir (1 de 4)

En una sociedad de la soledad se multiplican los experimentos afectivos

Hace poco cumplí 16 años de ordenación sacerdotal. En estos casi 6000 días, el Señor me ha permitido recorrer realidades tan distintas como Paraguay y Canadá, Guatemala y Alemania, Irlanda y Ecuador. En la mayor parte de los sitios ha donde he ido, usualmente en misión, he celebrado la eucaristía y he escuchado personas en confesión. No digo que sea un experto; digo que mis palabras no van a ser especulación y que se refieren a una realidad que seguramente es más amplia que la que suele tener un sacerdote en circunstancias diferentes a las mías.

Voy a hablar sobre lesbianismo y su relación con el recurso mental llamado “idealización.” Y bien me sé yo lo que va a suceder en la zona de los comentarios. Ya me parece estar leyendo: “Ah, pues yo conozco una niña, que ya desde bebita (o desde feto) mostraba total y absoluta inclinación a las mujeres…” Otro querrá que aquí se discuta el celibato y empezará a psicoanalizarme. Otro aludirá a la violencia doméstica…

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28.05.08

Nacionalismo y Límites del Lenguaje

Mi post anterior sobre el Nacionalismo recibió un número apreciable de comentarios, de los cuales la mayor parte han expresado incomodidad o rechazo al estilo nacionalista catalán. A lo largo de la vida he descubierto que cuando se condena demasiado alguna cosa, hay siempre el riesgo de evitar esta pregunta: ¿Y había algo de bueno en ella? Con mucha frecuencia Jesús nos enseñó poniendo como modelo a los que podían ser más rechazados. Los samaritanos, los extranjeros, las mujeres, los niños, los publicanos… la lista no es corta y revela algo fundamental: Dios gusta de revelarse allí donde la opinión pública se ha consolidado en contra o en desprecio de algo. Según eso, cabe preguntarse por el bien, por el lado bueno del nacionalismo también cuando se da al estilo de Cataluña. Es lo que hago aquí, y mi primera conjetura es que el solo hecho de ayudarnos a recordar la diferencia entre nación, país y estado es un bien en sí mismo.

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24.05.08

Nacionalismo y Evangelización

El título es ya explosivo. Un sacerdote amigo llegó a Tarragona y empezó a preguntar sobre las razones del visible nacionalismo catalán. Alguno lo interpeló pronto: “Oiga, ¿a usted quién le enseñó a hablar?” “Mi madre"–respondió el aludido. “Pues eso–concluyó el otro–ya sabe de qué se trata cuando se habla de la lengua.” Mi amigo sacó la única conclusión posible: hay temas que son tan profundamente viscerales que parece imposible entrar en razones. Sencillamente, lo tomas o lo dejas.

Quienes no tenemos razones tan hondas o tan dolorosas para decir: nacionalismo sí, o nacionalismo no, nos cuesta entender cualquiera de las posturas. Supongo que mi propia cultura latinoamericana presenta enigmas o cuando menos situaciones atípicas para ojos extranjeros. De hecho es lo que siento cuando la gente simplifica mi país y dice cosas como: “Bueno, ¿y por qué no va el ejército y acaba de una buena vez a esos guerrilleros?” O lo contrario: “¿Qué pasa en Colombia, y cómo se aguantan a un presidente con nexos paramilitares?”

No sé si generalizo demasiado pero casi creo que en todas partes uno puede encontrar huellas de problemas, disputas y tensiones que ocupan el lugar que la cuestión nacionalista parece tener en Cataluña, es decir, situaciones que de tal modo toman el primer lugar en la atención, que los implicados sienten que todo se define frente a ello. Así por ejemplo, en el plano personal hay gente que siente que el tema de su soledad, su realización profesional o su salud es lo más importante del mundo entero. Y lo que quiero destacar es que cuando uno tiene un tema que es “el” tema, uno no alcanza a percibir ni la novedad ni la hermosura ni la potencia de la propuesta de Cristo.

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