(363) El horizontalismo protestantizante
No cabe duda que Karl Barth (1886-1968) tiene parte en el giro teológico del marxismo producido en el posconcilio, y en la interpretación de la pastoral como praxis mesiánica.
El utopismo ingenuo del posconcilio, los sueños pelagianos de Nueva Humanidad, que tan cabalmente ha desmontado Leopoldo Eulogio Palacios[1]; la construcción horizontalista del Reino, beben mucho del utopismo barthiano.
Según éste, la inserción divina en la historia introduce un movimiento progresivo de desarrollo, cuya realización final será una nueva humanidad. Su concepto de pueblo es bíblico y marxista a la vez, como en una fallida amalgama.
El pueblo como lugar teológico, sustitutivo de la societas perfecta, es un concepto que debe mucho a Barth, además de a Yves Congar. No el pueblo en general, sino el pueblo como clase desfavorecida, a la que se atribuyen atributos mesiánicos y dialécticos.
Pero, según el fino análisis de Miguel Poradowski, donde más se nota el marxismo teológico de Barth es en su concepto de Dios. Lo relaciona con el mundo nuevo, utópico e ideal, que va a reemplazar al mundo egoísta y burgués por obra del cristianismo. Dios debe ser ante todo un revulsivo para los cristianos. El cristianismo debe ser revolucionario.
El mesianismo de Barth se funda en categorías kantianas y hegelianas. A su influencia indirecta se debe, también, la subestimación del tomismo. Porque Barth propicia el marxismo, y el marxismo combate el tomismo.
Una fe sin religión
La visión no religiosa de la fe de otro pastor protestante, Dietrich Bonhoeffer (1906–1945), también ha tenido una influencia considerable en la configuración del personalismo progresista posconciliar. Este autor establece una falsa dicotomía entre la fe y la religión. Su objetivo es una «una interpretación no religiosa de los conceptos teológicos»[2].
El mundo, según Bonhoeffer, ya es adulto y no necesita del cuento de la religión, como en Bultmann. Por el contrario, requiere una visión madura de la fe.
El cristiano adulto no demanda una defensa racional de la fe, sino el mero testimonio; Dios es vida, reconocimiento de las potencialidades vitales del ser humano, no argumentos. Se manifiesta en el mundo a través del amor entre todos los hombres; no hay que ir a buscarlo a realidades sobrenaturales, sino aquí, entre las realidades humanas.
Ser cristiano, para Bonhoeffer, significa ante todo ser persona, ser verdaderamente humano. No son los actos de la virtud de la religión lo que hace cristiano al cristiano, sino su calidad humana.[3]
El Papa emérito Benedicto XVI, en su mensaje a la Pontificia Universidad Urbaniana, criticaba con acierto la disociación que Barth y Bonhoeffer establecen entre fe y religión:
«el teólogo evangélico Karl Barth puso en contraposición religión y fe, juzgando la primera en modo absolutamente negativo como comportamiento arbitrario del hombre que trata, a partir de sí mismo, de apoderarse de Dios. Dietrich Bonhoeffer retomó esta impostación pronunciándose a favor de un cristianismo sin religión. Se trata sin duda de una visión unilateral que no puede aceptarse».
La fórmula protestante fe sin religión, adoptada por el maxismo teológico, se ha difundido enormemente: Jesús nos llamó no a una nueva religión, sino a una nueva sociedad, se dice. Obispos, laicos, agentes de evangelización, catequistas, teólogos comprometidos en labores de pastoral, enarbolan la bandera teológica de Bonhoeffer/Barth como si fuera católica y afirman, sin complejos, que la fe en Cristo no es una religión, ni consiste en profesar doctrinas ni recitar credos ni cumplir con ritos ni dispensar sacramentos ni profesar una moral. Que la fe, dicen, no consiste en creer, sino en experimentar y compartir.
La sombra del protestantismo, que disocia fe y religión, se cierne peligrosamente sobre estas doctrinas.
________________________________________
[1] Leopoldo Eulogio PALACIOS, El mito de la nueva cristiandad, Rialp. Madrid. 1951. 153 págs.
[2] Dietrich BONHOEFFER, Resistencia y rendición, págs. 248-49.
[3] Ibid., pág. 266.
11 comentarios
__________
A.G.:
Se debe al giro teológico del marxismo, que para destruir el cristianismo y ganarse a los cristianos, tolera la fe pero combate la religión. Una fe irreligiosa no puede ser sino un replegarse sobre la propia subjetividad, porque daña la virtud con que el hombre se relaciona en justicia con Dios, es decir, la virtud de la religión.
Esta falta de justicia individual se proyecta sobre la comunidad, en un mecanismo compensatorio. La justicia socialista es una forma de encubrir la injusticia para con Dios.
Al principio comenzó en el ámbito protestante.La fiducia protestante es un subjetivismo, por tanto un voluntarismo, pues la fe queda a merced de la voluntad de cada cual, que hace del cristianismo lo que estima oportuno.
Esto congenia con la causa marxista. El subjetivismo, en una dimensión social, adquiere tintes mesiánicos, y entonces no parece activismo individual.
También se debe a que el principio de independencia que alimenta al protestantismo está presente en el marxismo, porque proceden, ambos, del nominalismo, que es un voluntarismo que destruye lo universal, lo común, y exalta la subjetividad, individual y colectiva. El marxismo lo que hace es proyectar sobre dicha individualidad su imagen de Estado, supersujeto con potencia absoluta, al modo de los protestantes.
_________
A.G.:
La teología de la liberación debe mucho a Barth y su teología dialéctica. De hecho, yo diría que Barth es un precursor de la teología de la liberación, a la que nutre de lugares teológicos.
La marxistización de la teología comienza en el mundo protestante, y luego contamina el catolicismo, debido al personalismo, que en lo social y comunitario congenia con el progresismo y, además, se nutre de Barth, Bonhoeffer, Robinson.
Como anécdota diré que Barth se reía abiertamente de la tesis de Hans Küng, que sostenía que Trento podía interpretarse desde la perspectiva protestante.
-¡Ay, Leóniv, Leóniv, ¿qué harás cuando vengan los comunistas?
Está claro que en la lucha de clases y el igualitarismo, que era lo que daba "dignidad" a su programa, los marxistas fracasaron, pero había otro montón de cosas agazapadas en esa ideología que pueden estar saliendo a la luz con una transformación adecuada. No sabía que se hubieran infiltrado en la teología de los protestantes y tampoco he leído Teología de la Liberación para saber si hay una infiltración protestante en ella. Interesante lo que aporta, Sr. Gracían.
Como bien dice Pablovelasco Dios interviene en nuestra historia personal.
Al final Lutero tenía razón al negar el libre albedrío, porque no hay mayor tirano que la conciencia subjetiva (no la conciencia que nos hace salir del yo, sino el yo dando vueltas a la piedra de molino de su subjetividad).
La diferencia entre el Dios católico y el falso dios protestante es que el primero habla para conducirnos a la humildad, el segundo a la desesperación. Esto también lo admitía Lutero.
Como es eso de teología marxista o marxistacion de la teologia.
Dices que empezó con los protestantes. Es que lo único que conozco es el liberalismo protestante.
_________
A.G.:
La marxistización de la teología empezó con protestantes como Barth, Bonhoeffer, Robinson. Es por el subjetivismo del protestantismo, por su separación del orden de la gracia y del orden social y político, que conduce a la secularización, al desprecio de la razón y del orden creado, a la adopción de ideologías para rellenar los huecos que deja la privatización del orden sobrenatural.
La sombra del protestantismo, que disocia fe y religión, se cierne peligrosamente sobre estas doctrinas".
Este es el gran peligro de una pastoral equivocada que tanto daño puede hacer contraponiendo fe y doctrina, experiencia y credo, ... tantos caen en este eror sin saberlo....
Magnífico artículo. Gracias
_________
A.G.:
Gracias. En efecto, es una evangelización equivocada, esa que afirma que la fe no consiste en creer.Está haciendo un daño enorme.
Dejar un comentario