Una noticia que me causa una muy personal tristeza
Hace casi dos años tuve, por desgracia, que escribir sobre el mismo tema que hoy ha saltado a la palestra de la realidad.
Sin embargo, lo que entonces era indignación se ha transformado, quizá por el paso del tiempo, en triste visión de las cosas.
Al parecer el asunto judicial ha llegado al final del iter procesal. El agente de la Benemérita no tiene intención de recurrir la resolución del recurso que interpuso ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid y que le quita la posible razón que pudiera, según el demandante, tener.
Tengo que decir que, independientemente de las razones jurídicas que han llevado al TSJM a dictar tal resolución, a mí me preocupa bastante más algo que produce honda tristeza y que no es otra cosa que el empecinamiento en seguir con el proceso sin darse cuenta del daño que se hace.
Por eso digo que si bien el resultado ha sido satisfactorio no lo es tanto el origen del mismo por lo que es y por lo que supone.
Cuando Jesús, en su cruz colgado, encomendó a Juan, el discípulo amado, que cuidara de Su Madre hizo algo más: nos la entregó para que fuera, también, Madre nuestra, en cualquier advocación que en el mundo pueda haber.
En la encíclica Redemptoris mater, Juan Pablo II Magno dice sobre el hecho citado que “Sin lugar a dudas se percibe en este hecho una expresión de la particular atención del Hijo por la Madre, que dejaba con tan grande dolor. Sin embargo, sobre el significado de esta atención el « testamento de la Cruz » de Cristo dice aún más. Jesús ponía en evidencia un nuevo vínculo entre Madre e Hijo, del que confirma solemnemente toda la verdad y realidad. Se puede decir que, si la maternidad de María respecto de los hombres ya había sido delineada precedentemente, ahora es precisada y establecida claramente; ella emerge de la definitiva maduración del misterio pascual del Redentor” (Rm 23)
Por tanto, “esta ‘nueva maternidad de María’, engendrada por la fe, es fruto del ‘nuevo’ amor, que maduró en ella definitivamente junto a la Cruz, por medio de su participación en el amor redentor del Hijo” (Rm 23)
No puede quedar, por tanto, en los que nos consideramos hijos de Dios, la maternidad de María como una gracia de Dios pero que no afecte a nuestro corazón y, además, no pueda ser respetada como un signo de la Verdad.
Muy al contrario, como dice San Josemaría en “Es Cristo que pasa” (143) “Porque María es Madre, su devoción nos enseña a ser hijos: a querer de verdad, sin medida; a ser sencillos, sin esas complicaciones que nacen del egoísmo de pensar sólo en nosotros; a estar alegres, sabiendo que nada puede destruir nuestra esperanza. El principio del camino que lleva a la locura del amor de Dios es un confiado amor a María Santísima. Así lo escribí hace ya muchos años, en el prólogo a unos comentarios al santo rosario, y desde entonces he vuelto a comprobar muchas veces la verdad de esas palabras. No voy a hacer aquí muchos razonamiento, con el fin de glosar esa idea: os invito más bien a que hagáis la experiencia, a que lo descubráis por vosotros mismos, tratando amorosamente a María, abriéndole vuestro corazón, confiándole vuestras alegrías y vuestra penas, pidiéndole que os ayude a conocer y a seguir a Jesús”.
Entonces, ¿Qué podemos decir a Dios por habernos dado a María?: gracias.
Entonces, ¿Qué podemos decir a María por haber tenido fe en Dios?: gracias.
Entonces, ¿Qué podemos los hijos de Dios?: aquí estoy porque me has llamado.
¿Y todo esto no merece respeto por parte de un Guardia Civil aunque no sea creyente?
Pues para el que esto escribe, hijo de Guardia Civil, sí lo merece.
Eleuterio Fernández Guzmán
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Escucha a tu corazón de hijo de Dios y piedra viva de la Santa Madre Iglesia y pincha aquí abajo:
Y, si puedes, da el siguiente paso. Recuerda que “Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9,7).
5 comentarios
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EFG
Pero hay hijos que no quieren saber nada de la madre, al parecer.
Gracias Eleuterio por mostrarnos a María.
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EFG
A lo mejor es una vocación que se corresponde poco con el corazón.
Al perderse la Fe, toda nuestra épica historia parece un mito, pero no lo fue. España fue evangelizada por un hijo de Zebedeo, el cual la defendió siempre contra las asechanzas de Satanás. Y el otro hijo de Zebedeo también la protege con sus Alas. El mundo de Dios todavía se reserva la última palabra para estos tiempos. Y Santa María del Pilar, estará con su columna al frente de la batalla.
¡Salve Madre!
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