Sobre Francia y la lucha contra las sectas
Después de la noticia que hemos publicado esta semana en el blog de la RIES en InfoCatólica, llega el turno del análisis, a cargo de uno de los expertos de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), Vicente Jara Vera.
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A raíz de MIVILUDES: una serie de cuestiones y dificultades
A partir de una organización concreta, la francesa MIVILUDES, que ahora trataremos más en detalle, haremos relato de una serie de cuestiones que van más allá de esta asociación o agencia en concreto, más allá de un país o un Estado determinado, cuestiones fundamentales al hablar de sectarismo, de ciudadanía, de eclesialidad, de libertad, de persona.
MIVILUDES (Mission interministérielle de vigilance et de lutte contre les dérives sectaires / Misión Interministerial para la Vigilancia y la Lucha contra las Derivas Sectarias) es una agencia del gobierno francés. Este organismo se creó en el año 2002, y en su misión tiene las siguientes acciones:
- “Observación y análisis del fenómeno sectario mediante todos aquellos actos que supongan un detrimento de los derechos humanos, las libertades fundamentales y otras conductas indebidas.
- Coordinación de la acción del gobierno francés en la prevención y represión contra el sectarismo, y contribución a formar e informar a los agentes del gobierno.
- Información al ciudadano sobre los riesgos o peligros que suponen las derivas sectarias, y facilitación de la realización de acciones para ayudar a las víctimas de aberraciones sectarias”.
MIVILUDES en su propio nombre, así como en sus estatutos, hace referencia a “derivas sectarias”, a las que monitoriza, vigila y combate. MIVILUDES fue precedida por la anterior MILS (Mission Interministérielle de Lutte contre les Sectes), que se refería más concreta y directamente a combatir a las sectas. Sin entrar en la difícil restructuración histórica, que no fue fácil y supuso multitud de debates internos y externos, la atención ha de ponerse en el cambio de enfoque, desde “sectas” hasta “derivas sectarias”.

Si al leer el título han pensado –como es natural, por otra parte– que me refiero a Benedicto XVI, no se preocupen, porque no voy a hablar de él. El mes pasado recibí por correo electrónico una noticia que me sorprendió porque hablaba de la muerte del Papa. Leyendo la información descubrí que sí hablaba de un fallecimiento reciente, pero de lo que en la Historia de la Iglesia se ha llamado, técnicamente, un “antipapa”. El Diccionario de la RAE nos resume así el concepto: se trata de un “hombre que no está canónicamente elegido Papa y pretende ser reconocido como tal”. Y una de dos: o nos referimos a épocas pasadas en las que algunos disputaban al obispo legítimo de Roma su potestad (como nuestro Pedro Martínez de Luna allá a finales de la Edad Media, que se mantenía “en sus trece” ya fuera en Aviñón o en Peñíscola), o hablamos de ciertos personajes contemporáneos que de forma más o menos estrafalaria montan su propio “vaticano” autodeclarándose sumos pontífices (y por seguir con los ejemplos del solar patrio, pensamos en el cisma del Palmar de Troya y el solio ocupado por el célebre “Papa Clemente” y su línea sucesoria).
Los menores son un objetivo prioritario para las derivas sectarias, según explicaba hace unos días la página de Internet del Primer Ministro de Francia. Miles de niños están bajo la influencia de las sectas. Claude Greff, Secretaria de Estado para la Familia, y Georges Fenech, presidente de la MIVILUDES (Misión Interministerial de Vigilancia y Lucha contra las Derivas Sectarias) han firmado, el pasado 18 de enero, un acuerdo de colaboración diseñado para sensibilizar a los profesionales y las familias sobre las derivas sectarias.
Un bebé prematuro recibió el pasado 30 de enero una transfusión de sangre por orden judicial, a pesar de que sus padres, ambos testigos de Jehová, se oponían a la medida por sus creencias religiosas, según explicaba dos días después el diario argentino La Capital. La resolución fue tomada por el juez Marcelo Molina, del Tribunal Colegiado de Familia Nº 5, quien respondió a un pedido de los médicos que trataban al bebé, internado en la sala de Neonatología del Hospital Español de Rosario (Argentina).