12.11.10

El arzobispo catolico de Moscú está harto

Mons. Paollo Pezzi, arzobispo católico de Moscú, está harto. ¿De qué? Pues de que a los rusos católicos se les trate como ciudadanos de segunda categoría y de que los ortodoxos se aprovechen de esa circunstancia para comportarse no como hermanos en Cristo sino como ladrones que se aprovechan del trato favorable que reciben de un estado con ínfulas zaristas. Lo que acaba de ocurrir en Kaliningrado ha debido ser la gota que colma el vaso del arzobispo, quien ha escrito un comunicado de una contundencia y claridad poco comunes en ámbitos eclesiales. Dos párrafos dejan bien a las claras cómo está el panorama:

¿Cómo es posible que tanto los antiguos repobladores de confesión católica que han puesto toda su vida al servicio de su nueva “patria chica” como sus descendientes sean ahora considerados por los órganos de decisión de la Duma de Kaliningrado como ciudadanos de segunda clase, cuyos intereses legales garantizados por la Constitución de la Federación de Rusia, pueden ser ignorados con tan pasmosa facilidad?

y

Es además lamentable constatar que la posición claramente evasiva adoptada en todo este asunto por la diócesis de Kaliningrado perteneciente al Patriarcado de Moscú, va a causar un daño irreparable en las relaciones interconfesionales que hemos construido no sin éxito, a pesar de las grandes dificultades, en los últimos años.

“Por tanto, tratad a los demas como querríais ser tratados por ellos, esta es la Ley y los Profetas. ” (Mateo 7, 12). No se equivoca quien sigue este consejo del Salvador. La otra alternativa es comportarse segun describe Valdimir Solovev la lógica moral de los “hotentotes”: “Yo he robado una vaca, esto es bueno. Me han robado una vaca, esto es malo” ¡Que no pueda decirse esto de nosotros!

Se puede decir más alto, escribiéndolo con mayúsculas, pero más claro no. Si yo fuera ortodoxo, y a punto estuve de serlo, se me caería la cara de vergüenza de aceptar un templo que no me pertenece. Y mucho más dado el hecho de que la Iglesia Católica no ha parado de ceder sus templos a los ortodoxos rusos en muchos países de Occidente. Hecho este que yo creo que debemos empezar a replantearnos. Porque aunque es obvio que no debemos caer en el ojo por ojo y diente por diente, ¿qué sentido tiene ceder lo que es nuestro a quienes nos roban lo que no es suyo?

Ese hecho no es el primero ni -me temo- el último en el que los ortodoxos tratan a patadas a los católicos que osan vivir allá donde ellos son mayoría. Y esto no puede continuar así. El ecumenismo debe ser un camino de doble vía. No puede ser que siempre sea la Iglesia Católica la que ponga la cara para que se la partan los cismáticos. Nosotros estamos antes en comunión con los rusos católicos que con los ortodoxos que les maltratan. Es nuestro deber apoyar al arzobispo católico de Moscú. De hecho, lo lógico es que Mons. Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, se manifestara públicamente en apoyo del arzobispo ruso. Mientras tanto, soy yo el que manifiesto dicho apoyo. Sé que vale poco, pero que sepan nuestros hermanos católicos rusos que no nos olvidamos de ellos. Al fin y al cabo, están en comunión con Pedro al igual que nosotros. No pueden decir lo mismo quienes les tratan como parias.

Luis Fernando Pérez Bustamante

PD: Doy las gracias de corazón al sacerdote español que me ha enviado esta noticia. Él realiza su labor sacerdotal en Rusia y, por razones que podéis entender, prefiere mantener su anonimato.

11.11.10

Queiruga, grita conmigo: "Marcelino ha resucitado. ¡Aleluya!"

El teólogo gallego Andrés Torres Queiruga es quizás uno de los ejemplos más evidentes, al menos en España, de a dónde puede llegar la teología cuando se separa de la fe católica y cuáles pueden ser las consecuencias para aquellos fieles que tomen como maestro a quienes obviamente no creen aquello que la Iglesia profesa. En sus libros y en sus declaraciones a los medios, podemos leer afirmaciones como las siguientes:

“No solamente la resurrección no es un milagro, sino que ni siquiera es un acontecimiento empírico. Y la fe en la resurrección no depende del hecho de que se acepte o rechace la realidad histórica del sepulcro vacío“.

“…los discípulos no vieron con sus ojos al Resucitado ni lo tocaron con sus manos, porque esto era imposible estando él fuera del alcance de sus sentidos”

De hecho, uno de sus libros más conocidos y leídos se llama “Repensar la resurrección". En él encontramos joyas como la siguiente:

El hecho de la huída y ocultamiento de los discípulos fue, con toda probabilidad, históricamente cierto; pero su interpretación como traición o pérdida de la fe constituye una “dramatización” literaria, de carácter intuitivo y apologético, para demostrar la eficacia de la resurrección. En realidad, a parte de lo injusta que resulta esa visión con unos hombres que lo habían dejado todo en su entusiasmo por seguir a Jesús, resulta totalmente inverosímil. Algo que se confirma en la historia de los grandes líderes asesinados, que apunta justamente en la dirección contraria, pues el asesinato del líder auténtico confirma la fidelidad de los seguidores: la fe en la resurrección , que los discípulos ya tenían por tradición, encontró en el destino trágico de Jesús su máxima confirmación, así como su último y pleno significado.

y esta:

Si antes influía sobre todo la caída del fundamentalismo , ahora es el cambio cultural el que se deja sentir como prioritario. Cambio en la visión del mundo, que, desdivinizado, desmitificado y reconocido en el funcionamiento autónomo de sus leyes, obliga a una re-lectura de los datos. Piénsese de nuevo en el ejemplo de la Ascensión : tomada a la letra, hoy resulta simplemente absurda.

o esta:

Desde luego, ya nadie confunde la resurrección con la revivificación o vuelta a la vida de un cadáver. Ni por tanto se la pone en paralelo ni, menos, se la confunde con las “resurrecciones” narradas no sólo en la Biblia, atribuidas a Eliseo, a Jesús o a Pablo (que, por otra parte, casi nadie toma a la letra), sino también en la cultura del tiempo, como en el caso de Apolonio de Tiana. La resurrección de Jesús , la verdadera resurrección, significa un cambio radical en la existencia, en el modo mismo de ser: un modo trascendente, que supone la comunión plena con Dios y escapa por definición a las leyes que rigen las relaciones y las experiencias en el mundo empírico.

Por eso ya no se la comprende bajo la categoría de milagro, pues en sí misma no es perceptible ni verificable empíricamente. Hasta el punto de que, por esa misma razón, incluso se reconoce de manera casi unánime que no puede calificarse de hecho histórico . Lo cual no implica, claro está, negar su realidad, sino insistir en que es otra realidad: no mundana, no empírica, no apresable o verificable por los medios de los sentidos, de la ciencia o de la historia ordinaria.

y también esta:

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10.11.10

El relato de mi regreso a la Iglesia Católica

Una lectora me dijo ayer que quería leer la historia de mi reconversión al catolicismo procedente del protestantismo evangélico. Aunque en algunos de los posts que he escrito en los años de “Cor ad cor loquitur” he señalado muchos aspectos de aquel proceso -valga este ejemplo-, me doy cuenta que nunca he reproducido en este blog aquello que escribí justo después de mi abandono del protestantismo en dirección al catolicismo, con un breve pero precioso recorrido-puente por el cristianismo ortodoxo.

Pues aquí lo tenéis. Son textos escritos hace más de diez años, justo cuando acababa de abandonar un protestantismo evangélico que había conformado mi espiritualidad durante la década previa de mi vida, así que se nota mucho -al menos yo lo noto- determinados tics protestantes en mi manera de escribir. De hecho, he sonreído no poco al re-leer algunas frases. Si hoy tuviera que poner de nuevo por escrito lo que pasó entonces, probablemente puliría muchas cosas, pero estos textos tienen la ventaja de la frescura del momento. Reflejan la mar de bien cómo me sentía entonces.

El primer texto -de mayo de 1999- relata mi abandono del protestantismo camino del cristianismo del primer milenio. Alguna vez he dicho que tengo alma de uniata. El que quiera saber por qué, ahí tiene la explicación. Los dos siguientes -octubre y noviembre de 1999- cuentan mi llegada a la Iglesia Católica. Muchas de las webs mencionadas no existen ya, así que no intentéis buscarlas:

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9.11.10

Imploro a Rowan Williams que cree un ordinariato para pseudo-católicos

Ayer se anunció el paso a la Iglesia Católica de los primeros cinco obispos anglicanos que se van a acoger al ordinariato que se establecerá en Gran Bretaña siguiendo las provisiones de la Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus. No sé si serán los únicos obispos anglicanos que van a dar ese paso o si vendrán más. Es evidente que -aunque no creo que esto sea una cuestión que deba valorarse en base a las cifras- un buen número de presbíteros y de fieles de la comunión anglicana van a entrar en la Iglesia Católica en los próximos meses y años. Debido a la deriva del anglicanismo en las últimas décadas, son muchos tanto los anglicanos evangélicos que están dispuestos a romper con los liberales como los anglocatólicos que ven con buenos ojos su incorporación al árbol del que nunca debió separarse la Iglesia de Inglaterra.

Los anglicanos que se suben ahora en la barca de Pedro podrán conservar parte de sus tradiciones eclesiales y litúrgicas pero, como no puede ser de otra manera, asumen la totalidad del credo católico, con todos sus dogmas. Los que sabemos por experiencia propia en qué consiste pasar de ser protestante a católico, tenemos claro que ese es un proceso de auténtica conversión espiritual, que no puede llevarse a cabo sin la ayuda de la gracia de Dios. Es decir, uno no cambia de “iglesia” así como el que se cambia los calcetines cada mañana. Espero, deseo y ruego a Dios que todos los anglicanos que se unan ahora y en futuras fechas a la Iglesia Católica sean conscientes de la importancia de su decisión y cómo la misma, tal y como aseguraba el Beato Newman, afecta a su propia salvación.

Ahora bien, ya que la Iglesia va a recibir en su seno a algunos hijos de la diáspora anglicana, no estaría de más que se viera libre de los hijos de la diosa Secularización Interna que viven en sus atrios, causando grave perjuicio a la comunión eclesial. Es más, yo ruego desde aquí al primado anglicano, Rowam Williams, que nos haga el inmenso favor de crear ordinariatos para que la totalidad de católicos progres que atacan al papado, a la doctrina y a la moral de la Iglesia Católica, se hagan anglicanos y nos dejen en paz a los católicos fieles al Magisterio de la Iglesia.

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8.11.10

Vino y nos confirmó en la fe

Dejémoslo claro desde el principio. La visita de Benedicto XVI a España ha supuesto un espaldarazo a los católicos que estamos en comunión con él. A su vez, ha servido de testimonio del mensaje de la Iglesia para una sociedad que cada vez le vuelve más la espalda a ella y, por tanto, a Cristo. Y por último, aunque cronológicamente fue lo primero, ha dejado bien claro a los gobernantes que la cabeza del colegio episcopal de la Iglesia de Cristo sabe muy bien lo que están haciendo en este país y dónde están las raíces de su comportamiento.

Ha sido, pues, un triple mensaje. Al pueblo de Dios, al pueblo que ha renunciado a Dios y al César. En ese sentido, Benedicto XVI ha ejercido de eficaz sucesor de los apóstoles, con Pedro como “príncipe” -protos- de todos ellos. Y cuando un Papa ejerce eficazmente de Papa, la Iglesia se ve beneficiada. Se vuelve a demostrar que la figura del papado no tiene parangón en el resto de iglesias o comunidades eclesiales no católicas. O, en otras palabras, si el papado -ministerio petrino- no hubiera sido constituido por Cristo -el Nuevo Testamento da fe de que sí-, habría que inventarlo.

El mensaje que hemos recibido los fieles es de plena confirmación de nuestra fe. Nos marca las líneas a seguir para dar testimonio de Cristo y del evangelio al resto de la sociedad. Si el Papa no tiene duda alguna en hablar del peligro del laicismo, nosotros tampoco debemos tenerla. Si el Papa habla de la necesidad de que Europa vuelva a Dios, nosotros estamos llamados a mostrar el verdadero rostro de Dios a Europa y sus ciudadanos. Si el Papa defiende la vida y la familia, nosotros también.

A la sociedad que se ha olvidado de Dios, el Santo Padre le ha dicho muy claramente que si el progreso material, económico y científico no va acompañado de un progreso moral, entonces no hay verdadero progreso. Y si no se tiene a Dios como referencia, el hombre no alcanza aquello a lo que ha sido llamado. No hay ningún sistema político que nos haga verdaderamente libres. “Sólo donde existen el amor y la fidelidad, nace y perdura la verdadera libertad“, dijo el Papa en la Sagrada Familia. Ese mensaje es muy necesario en una sociedad donde el divorcio está a la orden del día y donde el egoísmo de muchos llega a tal extremo que uno de cada seis embarazos acaban siendo eliminados por manos asesinas.

Al César de España, que actualmente se apellida Rodríguez, Benedicto XVI le ha dicho que sabe muy bien lo que quiere, cómo lo quiere y porqué lo quiere. Señalar a Zapatero como uno de los principales impulsores del laicismo radical en Europa es lo mismito que decir que es uno de los principales enemigos de la Iglesia en el mundo entero, pues es Europa el continente donde el laicismo ha avanzado más en el ámbito de los regímenes democráticos. Y por si alguien tenía alguna duda, el propio gobierno se ha encargado de despejarla, convirtiendo a España en el primer país europeo, desde la caída de la URSS, en el que la Iglesia se ve obligada a celebrar una Misa en plena calle porque las autoridades se lo han prohibido en uno de sus templos. Que el mismo día en que el Papa llega a España, la Guardia Civil impida a los fieles oír Misa en el Valle de los Caídos y que al mismo tiempo que el Papa celebraba Misa en la Sagrada Familia, los monjes benedictinos del Valle tuvieran que celebrarla al aire libre en pleno noviembre, es un símbolo de lo que este gobierno representa para la Iglesia en nuestro país. Y nadie piense que el apoyo institucional a la próxima JMJ cambia esa realidad. Zapatero no puede dejar de ser lo que es.

Por último quiero señalar algunos detalles de relativa importancia. Lo primero, parece evidente que, sobre todo en Barcelona, no ha sido grandioso el número de personas que se han tirado a la calle para ver al Papa. Por una parte, el programa de la visita no ayudaba a ello, pero es que además resulta notorio que de donde no hay no se puede sacar. Y el estado actual del catolicismo español no da para muchas alegrías.

Significativo me pareció el hecho de que tanto en Galicia como en Cataluña, el Papa empezara la homilía dirigiéndose a las autoridades nacionales, autonómicas y locales. Es decir, si alguien esperaba que el Santo Padre hiciera algún gesto de reconocimiento de Cataluña como nación, habrá quedado más bien desencantado. Para Benedicto XVI el señor Montilla y cía son autoridades autonómicas. Al que le guste, bien. Al que no, también bien.

Tampoco quiero olvidar lo bochornoso del acto que tuvo lugar el pasado viernes en la Basílica de Santa María del Pi de Barcelona. Insisto en decir que me parece un atentado a la comunión eclesial el que un cardenal de la Iglesia Católica permita que una de sus basílicas sea tomada por aquellos contrarios al papado. No se puede poner una vela a Dios y otra al diablo. Y eso vale para todos, cardenales incluidos. Muchos estaremos atentos a lo que pueda ocurrir en los próximos días. Esperamos un gesto del Cardenal Arzobispo de Barcelona en relación con esa infamia.

En definitiva, Benedicto XVI vino y nos confirmó en la fe. Esa es su tarea. La nuestra es, asistidos por la gracia de Dios sin la cual nada podemos, poner esa fe en marcha para que dé buenos frutos. El año que viene, si Dios le da salud y vida, volveremos a tener a este Papa entre nosotros. Será el momento de los jóvenes. De ellos depende el futuro de la Iglesia en España.

Luis Fernando Pérez Bustamante

Excursus: Mi buen amigo César Vidal, que como ustedes saben es protestante evangélico, me dijo el sábado pasado que los del periódico La Razón le habían encargado a él la exégesis de la homilía que el Papa habría de predicar en la Sagrada Familia.

Yo le pregunté: “¿a ti? ¿no tienen mejor idea que encargar a un protestante la exégesis de la homilía del Papa? ¿no hay católicos en La Razón para hacer semejante tarea?

Ante lo cual él me respondió que no era culpa suya.

Pues bien, de un protestante cabe esperar un artículo en el que intenta usar las palabras del Papa para apoyar sus tesis antipapales. Este es el enlace al artículo:

http://www.larazon.es/noticia/9637-la-dignidad-de-los-hijos-de-dios-por-cesar-vidal

En negrita, lo que comento:

Finalmente, da la impresión de que Benedicto XVI ha deseado ser ecuménico en su exposición –un gesto notable si se tiene en cuenta que, por ejemplo, el obispo de la iglesia anglicana en España estaba presente en la celebración– y ha desarrollado una exposición de la «roca» sobre la que se construye la iglesia que no reproduce los planteamientos católicos al uso sino, más bien, los que aceptarían los cristianos de cualquier confesión. Como era de esperar, Benedicto XVI ha señalado la importancia de María –a la que ha denominado en la conclusión de la homilía Mare de Déu, Maria Santissima, Rosa d’abril, Mare de la Mercè– pero, a la vez, ha evitado la referencia clásica a Pedro como la piedra sobre la que Cristo construye la Iglesia –posición sólo aceptada por la iglesia católica– para subrayar que la roca sobre la que se sustenta la iglesia, como sostuvo la inmensa mayoría de la patrística, es el mismo Cristo.

Es decir, en vez de explicar que los Padres de la Iglesia jamás opusieron la doctrina que señala a Cristo como piedra angular de la Iglesia con la de que el propio Cristo hace de Pedro la roca sobre la que Él edifica su Iglesia, César Vidal usa la famosa tesis protestante del “esto o lo otro", en vez de la doctrina católica “esto y lo otro”, que aparece en prácticamente todos los puntos de desacuerdo entre ellos y nosotros: “Biblia o Tradición” versus “Biblia y Tradición, “fe u obras” versus “fe y obras", etc. Y todo ello gracias a la gentil idea de la dirección de uno de los periódicos que se supone que más lectores tiene entre los católicos españoles. Enhorabuena, señores de La Razón.