10.08.22

Sinodalidad visigoda

El concilio de AgdaBuscando en estos días información sobre ciertas cuestiones, he tenido la oportunidad de leer un trabajo del profesor Ramón Gonzálvez Ruiz sobre el concilio de Agda del año 506 y su relación con los concilios posteriores de la época visigoda.

Al desplazarse los visigodos hacia la península Ibérica no abandonaron los territorios del sur de Francia (la Narbonense), y todo ello formó el reino visigodo de Hispania durante más de dos siglos. Los obispos de muchas de las ciudades de esa zona asistieron a los concilios toledanos de los siglos VI y VII, la catedral de Narbona está dedicada a los santos Justo y Pastor, niños mártires hispanos, y en estas tierras se asentaron después muchos cristianos que huían de la invasión musulmana.

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26.07.22

Evangelizando a todo un pueblo

San Martín de Dumio o de Braga, apóstol de los suevos.

San Martín de Braga o de Dumio

Nacido en la región de Panonia, en la actual Hungría en el año 520, leyó mucho en su juventud al estoico Séneca, relacionando su filosofía con la doctrina de san Pablo. Ordenado sacerdote se trasladó a Palestina para visitar los Santos Lugares, y allí residió durante varios años, entrando en contacto con el floreciente monacato que se desarrollaba en las montañas de Judea. Se cree que por entonces aprendió el griego, algo que en occidente ya empezaba a ser raro, y tradujo del griego al latín las Sentencias de los Padres Egipcios.

Impulsado por el Espíritu Santo en el deseo de anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra llegó como misionero hasta Galicia, donde influyó mucho en la cristianización y romanización de los suevos allá por el año 560. Su santo paisano, también llamado Martín, obispo de Tours en el siglo IV, había asumido la misma misión de evangelizar a los suevos, tribu originaria de su lugar de nacimiento.

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11.07.22

Un obispo valiente (2)

Convocados ambos obispos de Mérida, católico y arriano, ante el jurado del rey para determinar el destino de la Basílica de Santa Eulalia, Masona se preparó con ayuno y oración.

Santa Eulalia, Mérida.

Su aparición ante el tribunal disipó las angustias y preocupaciones de los fieles.

—No dudéis un momento de la victoria. Confiad en Dios y rezad mucho —dijo a los suyos.

Sunna, el obispo arriano, habló de modo violento y a grandes voces, insultando a sus enemigos, y exponiendo su doctrina. Respondió Masona con suavidad y moderación; fue acalorándose la disputa; se cruzaban textos de la Sagrada Escritura y de los Padres, argumentos teológicos y comentarios bíblicos. La sabiduría divina y la ciencia del Espíritu Santo estaban en los labios de Masona, hasta que el obispo arriano se quedó sin saber qué contestar; algunos de su campo salieron en su defensa, pero fueron también refutados. Los mismos arrianos se hacían lenguas de la elocuencia de Masona. Aplaudido y aclamado por la muchedumbre fue llevado triunfalmente hasta la Basílica de la mártir, entre vítores y cánticos sagrados, para dar gracias a Dios por la victoria.

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4.07.22

Un obispo valiente (1)

LeovigildoLeovigildo, arriano convencido y empujado a posturas más radicales por su mujer Gosvintha, quería conseguir la unidad política de sus territorios y de su población. gobernaba sobre los propios visigodos, los hispano-romanos y los suevos, cuyo reino había ido conquistando progresivamente. La unidad religiosa sería la herramienta para lograr esa unificación, y él consideraba la opción arriana como la mejor, puesto que eran católicos todos sus enemigos: francos del norte, suevos del oeste y bizantinos del levante peninsular.

Para facilitar las cosas promovieron un semiarrianismo que pudiera resultar más aceptable a la población católica. Pero los católicos no estaban dispuestos a renunciar a sus creencias, a sus costumbres y ritos, y a sus iglesias. Empezando por los obispos, y unido a ellos todo el pueblo fiel, plantaron cara a los arrianos. Los obispos Masona de Mérida y Leandro de Sevilla no se dejaron atraer ni por los halagos ni por las amenazas del rey. Participaron estos venerables prelados en discusiones públicas acerca de la verdadera fe, en las cuales reforzaron la fe del pueblo, y con sus escritos y predicaciones contribuyeron a frenar el proyecto de Leovigildo.

Vamos a detenernos un poco en san Masona de Mérida:

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27.06.22

La religión de los godos

Glaciar Wulfila en la AntártidaDespués de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los Apóstoles comenzaron a proclamar el acontecimiento de Cristo: el Hijo de Dios hecho hombre que pasó haciendo el bien y, después de sufrir la Pasión y ser crucificado por nuestros pecados, resucitó victorioso. Esta ha sido y sigue siendo la misión de la Iglesia y de los cristianos en la Historia.

A la predicación sigue la respuesta personal. El que acoge con un corazón limpio y humilde la predicación, se pregunta: «¿Qué tenemos que hacer?», y la respuesta es la invitación a bautizarse y convertirse orientando toda la vida según el modelo de Jesús.

Los pueblos godos recibieron la predicación cristiana en el siglo IV, pero se trataba de una versión rebajada del Cristianismo: el Arrianismo. [Grandes rebajas del cristianismo y Los arrianos antiguos y los actuales]. Arrio (260?-336), sacerdote de Alejandría, predicaba que el Hijo tiene principio y ha sido creado por el Padre, colocándole por tanto en el lugar de las criaturas. Aunque haya sido “divinizado”, el Hijo no es verdadero Dios, y está subordinado al Padre1. De este modo se subrayaba el monoteísmo.

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