3.02.26

¿Nueva caída del lefebvrismo?

Pocas frases más tristes hay en la Escritura que aquella de San Pedro (citando un refrán del Libro de los Proverbios): el perro vuelve a su vómito y la puerca lavada a revolcarse en el fango. Triste, pero como probablemente todos podemos atestiguar, muy acertada. Somos pecadores y, si no nos convertimos con la gracia de Dios, volvemos una y otra vez a nuestros viejos pecados, a pesar de saber por experiencia que nos destruyen.

Así parece que le va a suceder de nuevo a la Sociedad de San Pío X (SSPX) lefebvriana, que ha anunciado que ordenará próximamente obispos contra la voluntad del Papa. Es decir, repetirá el terrible acto cismático de 1988, lo que acarreará, si Dios no lo remedia, la excomunión latae sententiae de los obispos ordenados y los ordenantes.

Francamente, todo este asunto me apena muchísimo. No es agradable ver al prójimo a punto de caer por un precipicio y menos de forma premeditada. Está claro que no hemos rezado lo suficiente para que Dios ilumine a todos los implicados. Por otro lado, sin ánimo de ofender y como veo que afloran de nuevo los argumentos erróneos utilizados para justificar un acto cismático (incluso en numerosos comentarios en InfoCatólica), creo que conviene rebatirlos de forma resumida. En estos asuntos importantes, es fundamental razonar bien, para no engañarnos a nosotros mismos con falsas excusas.

Vamos a ver once de los argumentos más frecuentes en favor de la actuación primero de Mons. Marcel Lefebvre y, ahora, de sus seguidores. Si surgen más en los comentarios, podríamos añadirlos a la lista (que solo es un resumen, y aun así me ha quedado larguísima):

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2.02.26

Como en el mundo, así en la Iglesia

“Quizá es lo más destacado que ve en el Occidente actual una mirada extraña. El mundo occidental ha perdido el valor colectivo, tanto en su conjunto como, incluso, país por país, gobierno por gobierno, partido por partido, y ya, desde luego, en la Organización de las Naciones Unidas.

Esta mengua del valor es especialmente manifiesta en las capas gobernantes e intelectualmente rectoras, que es lo que causa la impresión de que ha perdido el valor la sociedad entera. Naturalmente, sigue habiendo multitud de personas individualmente valerosas, pero no son ellas las que dirigen la vida de la sociedad. Los funcionarios intelectuales y políticos manifiestan esta disminución, esta molicie, esta pusilanimidad en sus actos, sus discursos, y, más aún, en las obsequiosas justificaciones teóricas de por qué esta manera de actuar, que pone la cobardía y la servilidad por fundamento de la política del Estado, es pragmática, sensata y se justifica a cualquier nivel intelectual e incluso moral.

Esta caída del valor, que, según dónde, hasta parece llegar a la ausencia total del elemento masculino, adquiere, además, un tinte especialmente irónico con ocasión de unos repentinos estallidos de bizarría e intransigencia en esos mismos funcionarios: contra gobiernos débiles o países inofensivos sin apoyo de nadie, tendencias condenadas, de las que, a ciencia cierta, se sabe que no se podrán defender. Pero se Ies seca la lengua y se les paralizan los brazos ante gobiernos poderosos, fuerzas amenazadoras, contra los agresores y contra la Internacional del Terror. ¿Es preciso recordar que la caída del valor, desde antiguo, se ha considerado como la primera señal del fin?”

A. Solzhenitsyn, Discurso en la Asamblea de Graduados de la Universidad de Harvard,1978

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27.01.26

La falta de valentía explica muchas cosas

La valentía es parte de la virtud cardinal de la fortaleza y una parte esencial. Decía San Juan Enrique Newman que, sin el valor, el resto de las virtudes no pueden subsistir por mucho tiempo. Para ser prudente, casto, justo, magnánimo o sobrio y para practicar cualquier otra virtud es necesaria una dosis abundante (a veces, sobreabundante) de valentía.

Durante milenios, la valentía ha sido admirada en prácticamente todas las culturas y civilizaciones. Desgraciadamente, la nuestra parece ser una excepción, en la que los héroes han sido sustituidos por antihéroes, el bien por buenismo, las virtudes recias por valores light y el valor por la blandurronería o, directamente, por la cobardía.

Por desgracia, la Iglesia, que es la encargada de mantener las verdades que el mundo va olvidando, en este caso parece haberse contagiado del mismo mal. Y eso explica muchas cosas.

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16.01.26

Un buen sistema de gobierno

“Un hombre honrado se enamora de una honrada mujer y, por consiguiente, quiere casarse con ella, ser el padre de sus hijos, mantenerla y mantenerse a sí mismo. Todos los sistemas de gobierno deberían someterse a la prueba de si ese hombre puede hacer eso que quiere.

Si cualquier sistema, ya sea feudal, servil o bárbaro, le proporciona un campo de coliflores suficientemente grande para que pueda hacerlo, entonces ahí está la esencia de la libertad y la justicia. Si otro sistema, ya sea republicano, mercantil o eugenista, le proporciona un salario tan pequeño que no puede hacerlo, ahí está la esencia de la eterna tiranía y la vergüenza”.

G.K. Chesterton, The Illustrated London News, 25 de marzo de 1911

………….
Chesterton, como es sabido, tenía un gran aprecio por la democracia, pero también el suficiente sentido común para saber que no era el único sistema bueno ni tampoco el mejor en todas las situaciones. En ese sentido, con su eminente sentido práctico proponía someter a prueba a cada sistema de gobierno de la curiosa manera indicada más arriba.

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9.01.26

Sabiduría femenina

Mi esposa es muy aficionada a las novelas de Jane Austen y las relee periódicamente. No me extraña, la verdad, porque Austen era una gran novelista, con un excelente manejo de la ironía y una aguda capacidad de analizar a las personas y sus relaciones. Incluso yo disfruto de sus novelas, a pesar de que mis intereses suelen discurrir por otras sendas literarias y de que Mr. Darcy y los diversos coroneles y reverendos que pueblan el universo austeniano no me dan ni frío ni calor.

Además de leer y releer las novelas, mi esposa también ha visto prácticamente todas las versiones cinematográficas o en formato serie que existen. Le gustan mucho las antiguas versiones de la BBC, que reflejan muy bien los libros, con las adaptaciones necesarias para un medio audiovisual. Las versiones más recientes, sin embargo, le suelen producir hastío y rechazo.

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