De fracaso en fracaso hasta el derrumbe total
Me comentaba ayer un buen amigo que en su parroquia no cabe un cartel más. Ha llegado a contar más de sesenta en la entrada ¡más de sesenta! amén de tres o cuatro o cinco en el presbiterio con lemas tan originales y sugerentes como “Dios te ama", “Cuaresma, tiempo de conversión” o “Todos somos hermanos".
Afortunadamente están esos carteles para afianzar la doctrina católica, porque no cabe duda de que eso de que “Dios te ama", si no hubiera sido por el destacado cartel, hubiera pasado del todo desapercibido para los fieles. Un Cristo en la cruz, la eucaristía, la penitencia no son suficientemente explícitos. Afortunadamente alguien tuvo la brillantísima idea del letrero. Deo gratias.
Tampoco la gente tenía suficientemente claro eso de que la Cuaresma sea un tiempo de conversión, y mira que al imponernos la ceniza se dice eso de “convertíos y creed en el evangelio", aparecen los ornamentos morados, se suprimen gloria y aleluya y toda la liturgia va en esa dirección. Rien de rien. Ni liturgia, ni lecturas bíblicas ni gestos penitenciales. Aquí lo que de verdad vale es el cartelito. Y van dos.

A lo tonto, a lo tonto… comenzamos unas sencillísimas clases de formación cuando nos encerraron los políticos en casa y muchos obispos clausuraron los templos.
Ya saben, y si no se lo digo ahora, que servidor calebra de vez en cuando “ad orientem". Con el misal de Pablo VI, en español, pero “ad orientem". Cuando cuento estas cosas, siempre hay alguien que me pregunta por eso, que dicen tan superado, de qué opina la gente. Pues ahí voy.





