Filomena
Mi amigo Manolo nunca aceptó la crudeza de Filomena. Fue siempre un hombre convencido del calentamiento global acelerado y ante su terquedad de pensamiento no había realidad que le pudiera sacar no solo de sus certezas, sino de la necesidad de hacer propaganda de las mismas a tiempo y a destiempo.
Madrid fue un caos. La nieve alcanzó cotas desconocidas desde hacía muchos años. Aperecieron esquiadores en la misma Puerta del Sol y hasta vimos carreras de trineos tirados por perros. Coches abandonados de cualquier manera en los arcenes de la M-30, árboles caídos, calles del todo intransitables por días.
- Hoy no dirás que no hace frío, Manolillo…
- ¿Frío? ¿A esto le llamas frío? ¿A cuatro copos de nieve? Una temperatura espléndida, si hasta perece que la primavera se nos adelanta. Más aún, yo creo que estamos en los últimos años que vamos a ver invierno, desde ahora todo será una eterna primavera.

Piensen y verán que no ando tan errado. Todas las grandes cuestiones del sínodo, al menos las más conocidas y divulgadas, son cosas que pasan por la entrepierna. A ver si no:
Mañana de domingo en Guadalix de la Sierra. Apenas unos minutos para que dé comienzo la misa de las 13 h. Servidor, a carreras de pueblo en pueblo. A llegar a la sacristía mi buena María, la gran colaboradora de la parroquia de Guadalix durante muchos años, me dice:
Me comentaba ayer un buen amigo que en su parroquia no cabe un cartel más. Ha llegado a contar más de sesenta en la entrada ¡más de sesenta! amén de tres o cuatro o cinco en el presbiterio con lemas tan originales y sugerentes como “Dios te ama", “Cuaresma, tiempo de conversión” o “Todos somos hermanos".