De rodillas, Señor, ante el Sagrario
La cantidad de tiempo que empleamos en reuniones, programaciones, puestas en común, reflexiones, compartir experiencias, lluvias de ideas. No sé qué pensarán mis amabilísimos lectores, pero mi impresión, la mía, es la de salir de la gran mayoría de esos encuentros con la sensación de tiempo perdido.
A la par que cuento esto, es sorprendente, en estos tiempos de eficacia y secularismo, cómo se propagan las capillas de adoración perpetua, creo que en España ya tenemos setenta, doce de ellas en la comunidad de Madrid.
En estas capillas pude comprobar personalmente, ya saben que la de Tres Olivos fue iniciativa de un servidor y ya ha cumplido diez años, cómo los adoradores habían encontrado lo fundamental: oración, misa, confesiones pero que no eran especialmente entusiastas de demasiadas reuniones.

Creo que no supe explicarme del todo bien en mi último post. Es verdad que a veces uno se cansa, pero sobre todo era un post de agradecimiento a Dios que sabe ir dando ánimos y razones para seguir adelante. Más aún, estoy muy tranquilo y sigo ilusionado, aunque una cosa es estar ilusionado y otra ser iluso. Sé muy bien dónde estoy.
Tengo una cierta sospecha de que el padre Dios lleva tiempo tomándome el pelo. Mi sensación es que me va llevando al límite para llegado el momento final hacerme un guiño de esperanza.
Y como es natural, mis lectores me piden opinión. Y como no tengo problema en hacerlo, pues se la doy, destacando algunas cosas que me parecen interesantes de D. José.
Lo que está pasando estos días en la archidiócesis de Madrid es de pura traca. Parece que ha llegado la hora del cambio de arzobispo. El santo padre habría aceptado la renuncia del cardenal Osoro y nombrado a D. José Cobo como nuevo arzobispo. Ya ven que lo pongo en condicional porque, que uno sepa, el Bollettino de la Santa Sede no ha publicado nada.





