Esas cosas "raras" que te traen a la parroquia
Una mañana de primavera en el pueblo. Falta más me media hora para la misa y estoy por el templo preparando cosas. Por la puerta de la iglesia, al fondo, veo cómo llega una pareja casi arrastrando un enorme bulto que parece de un peso más que considerable. Sin decir palabra, se acercan a mí, y veo cómo desenvuelven el misterioso paquete, del que emerge en todo su esplendor una impresionante imagen de santa Gema Galgani de aproximadamente un metro y medio de altura. “Es para que la ponga en la parroquia, ¿le gusta? Lo tenemos ofrecido…”
No es fácil decir a alguien así, después de comprar la imagen, envolverla, llevarla al pueblo y soltártela así, sin anestesia, que no estás por la labor. No sabes qué palabras utilizar para que quede claro que no vas a colocar a santa Gema en la iglesia, y a la vez tratar de que no se sientan molestos. Ardua cuestión. Pero se intenta, con resultados nulos como es de suponer. El primer razonamiento, que no hay sitio. Pero tienen respuesta: “si es por eso, regalamos nosotros la peana que quiera”. Insistes en el no. Se van calentando los ánimos: “es una promesa y tenemos que cumplirla, así que usted la pone donde sea”. Te quedas con las ganas de decirles que ofrezcan lo que quieran para su casa, pero no para la iglesia parroquial. Vinieron después las amenazas: “si la promesa no se cumple, usted es el responsable ante la santa y ante Dios”. Pues vale. Finalmente se la llevaron, rezongando, echando pestes contra el párroco, después de dejar caer que ahí se quedaba santa Gema… Pero se la llevaron.

Ya se sabe. Son esas cosas que no necesitan demostración. Hartitos estamos de leer y escuchar eso de que la curia vaticana es un antro de perdición donde los curiales son gente que vive en la opulencia mientras se apuñalan por la espalda en siniestros manejos de lujuria y poder. Se sabe. No hay que demostrar nada.
Me preguntaban hace poco por la forma en que se debe rezar a san Pancracio para que te conceda lo que le pides. Por lo visto a esta persona le habían regalado una imagen de san Pancracio diciendo que era muy milagroso, pero pasaban los días y nada de nada. Yo le comenté que rezara la oración propia del santo. Pero el problema era otro. Porque había llegado a sus oídos que además de rezar era imprescindible colocar una moneda en una de sus manos y ponerle perejil. La duda era si el perejil hay que cambiarlo cada día o dejarlo como está hasta que se seque… Al final lo que me decía era que los santos deberían venderse con prospecto, como las medicinas.
En estos últimos días me ha llegado por varios caminos (mail, facebook…) un texto supuestamente del papa Francisco sobre los santos que necesita el mundo de hoy. Un texto que comienza con estas palabras: “Necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas. Necesitamos santos que vayan al cine, escuchen música y paseen con sus amigos…” Se encuentra en internet en mil sitios.