Recen por este cura
Me sucede año tras año. En cuanto empiezo a preparar las últimas cosas del jueves santo normalmente en la tarde del miércoles, se me pone un nudo en la boca del estómago que me dura hasta la mañana del viernes. Cosas mías, qué les voy a decir.
El jueves santo me remueve hasta lo más profundo de las entrañas. El cenáculo, ese encuentro vespertino en el que se masca la tragedia que está viniendo, la oportunidad de ponerme a los pies de los hermanos, lavarlos y besarlos. Tomar el pan y el vino… “esto es mi cuerpo”, “este es el cáliz de mi sangre”, saberme ese “alter Christus” enviado por el mismo Señor para seguir sus pasos hasta dar la vida por todos.

Alguna vez he hablado de esta ocurrencia. Vuelvo sobre el asunto porque cada vez nos parece más interesante y útil para la vida de la comunidad parroquial.
Tengo comprobado que los lectores y comentaristas de Infocatólica bien saben por dónde andan. Cada vez que he pedido sugerencias o ideas para algo las respuestas han sido siempre abundantes y sensatísimas, razonadas, con los documentos de la Iglesia en la mano. He de reconocer que muchas sugerencias después se han convertido en realidades en la parroquia, como por ejemplo la ubicación del reclinatorio para facilitar la comunión de rodillas a los que así lo deseen.
Lo que les pido es que miren estas fotos y nos sugieran cómo preparar el monumento de jueves santo ahí. Que nos digan qué pondrían, QUÉ NO PONDRÍAN, que también es clave, si el lugar sería el adecuado, si sería mejor poner el monumento en otro sitio, si…
Se me ha ocurrido escribir sobre esto a raíz de un amistoso intercambio de comentarios entre JAHC y David ayer en este blog. No sé quién es David, pero conozco muy bien a JAHC y doy fe de su eclesialidad y buena voluntad de las que tengo pruebas más que sobradas. Tampoco dudo de la buena fe y buena voluntad del amigo David.





