Qué cosa sea eso de una espiritualidad progresista
Ayer sábado se celebró, como era de imaginar, el encuentro de “Podemos” en una parroquia madrileña. Parece que el asunto va en explicar, hacer, sugerir o inventar una cosa que llaman espiritualidad progresista.
Para empezar ya he dicho que a un servidor los adjetivos siempre me han hecho poner en guardia. Cosas mías. Pero bueno, me ha dado por hacer mis elucubraciones a ver qué sería eso de una espiritualidad progresista, y en posición, aclaramiento, complementariedad, antítesis, síntesis o apoyo de tesis de qué y cómo.
Como no tengo otra cosa que llevarme a la boca para tratar de aclarar semejante idea, me tengo que limitar, desgraciadamente, al programa dictado para tal evento a fin de tratar de aproximarme, siempre desde mi ignorancia, carquedad e infocatolicidad a lo que pudiera ser tan gran aportación, mayormente por si fuera hora de sacar a esta mi parroquia de espiritualidades superadas y confusas para acercarnos por fin a la tan ansiada modernidad, que vaya usted a saber qué es, pero seguro que cosa buena, y si es modernidad democrática para qué les voy a contar.

Sí, sí, ustedes ríanse lo que quieran, pero aquí poco a poco quien va tomando mando en plaza es el islam. Ná, cosas sin importancia las que vienen sucediendo por el mundo. Que si unos cientos o miles de cristianos masacrados por su fe, que si apenas quedan cristianos en Siria o Irak,
Guapo como un querubín, Manolito sonreía en su cochecito de bebé arropado envuelto en unas sabanitas con el escudo del Real Madrid. Pero qué digo sabanitas: sabanitas, colcha, gorro y el coche entero. Manolito era algo así como un muestrario de todo el “merchandising” del equipo merengue.
Rafaela no salía de su asombro. La tarde anterior había recibido una llamada de don Jesús que le había pedido hablar con ella tranquilamente para aclarar malentendidos y quitar toda sensación de malas relaciones entre los dos. Donde quiera, Rafaela, si le viene bien que me pase por su casa, o en la parroquia, o donde mejor le venga. Pues en mi casa mismo, don Jesús. Pues en tu casa. En mi casa y se queda a comer con nosotros.