Memoria histórica de un niño de derechas
Mi madre, q.e.p.d., era muy guarduña de papeles. En casa existe documentación de su familia y de la familia de mi padre desde hace tiempo. Una de las cosas que hago cada miércoles, que es ese día medio libre que suelo pasar en el pueblo, es revisar papeles, clasificar, ordenar, curiosear documentación que en algunos casos llega hasta el siglo XVIII.
Algunas cosas del todo previsibles: testamentos, escrituras de fincas, cartas, pagos de impuestos, recibos varios, certificados, libros de cuentas de los abuelos… También he encontrado otra documentación cuya existencia ignoraba por completo.

Te dan dos collejas, te escupen, se acuerdan de tu padre, te tiran al suelo con una zancadilla traicionera, y, cuando estás derribado e indefenso, aún te sueltan una patada en la barriga y se te hacen pis encima. Evidentemente te quejas. Y entonces te acusan de victimista. Es la realidad de los ataques a la Iglesia y a los católicos desde hace algún tiempo.
Tiempo sin saber nada de Rafaela. Pero no iba a dejar ella de felicitarme la navidad y el nuevo año.
Le tengo afición al despacho parroquial, qué le vamos a hacer. Me encuentro cómodo y ya que estoy bien en su mesa, dejo abierta la puerta por si acaso.
No hace mucho una amiga, misionera seglar destinada ahora en África, me escribía manifestándome su sorpresa por el avance del laicismo y de los ataques a la iglesia católica. Contaba cómo, en poco tiempo, había tenido que soportar dos interrupciones a gritos de la celebración de la eucaristía. ¿Qué está pasando?





