A qué dedica el tiempo libre
Parto de la constatación de que cada día, independientemente de zona geográfica, cultura, aficiones propias, manías particulares y demás zarandajas particulares, tiene veinticuatro horas. También, incluso, cosa curiosa, resulta que cada sacerdote, cada parroquia, tenemos las mismas horas cada día.
¿En qué se nos van esas horas?
Una buena parte en encuentros y reuniones de más que dudosa utilidad. Los curas y la gente de iglesia tenemos una cierta propensión a reunirnos, con la peculiaridad de que lo fundamental de cualquier encuentro es poner la hora del próximo. La temática casi siempre la misma: conocernos, ver qué hacemos y compartir. Siempre pensé que el verbo compartir exigía especificar el qué. Vana pretensión. Se comparte y punto.

La estrategia de callar y sonreír no solo no sirve de nada, sino que da pie a que nos tomen el pelo más cada día. Nuestros queridísimos políticos, en aras a una laicidad que nadie entiende y que no sabemos de dónde se han sacado, poco a poco van cachipodando todo lo religioso de la vida de los españoles so capa de respeto, pluralismo y no sé qué más leches.
Los documentos papales se supone son para animar, confirmar en la fe, aclarar, unir, hacer iglesia. Je.
Me cuentan que Cáritas Internationalis y el Servicio Jesuita a Refugiados acaban de hacer público un