Lo de la Amoris Laetitia es un cachondeo y algo del todo insufrible
Lo de la Amoris Laetitia se está convirtiendo no sé si en un escándalo de enormes proporciones o directamente en un cachondeo, pero lo que llevamos visto desde su publicación me parece del todo inaceptable. Nueve meses en la calle y ya hemos leído de todo.
Que haya opiniones de todo tipo entre los fieles, en la prensa, las redes sociales o los Hare Krishna es algo que no me inquieta lo más mínimo. El asunto es que las discrepancias y las interpretaciones del todo divergentes las vemos en obispos y cardenales, y esto sí que es una cosa muy seria.

Nadie es billete de cien euros que a todos viene bien. Los curas no somos una excepción. A unos les caemos bien, a otros mal, y para otros somos del todo indiferentes. Para la inmensa mayoría de los fieles no pasamos de ser sus sacerdotes, con nuestras pequeñas o grandes manías, pero que, salvo casos extremos, son perfectamente soportables.
Algo estamos haciendo al revés desde hace mucho tiempo. Mis compañeros sacerdotes son trabajadores. Muy trabajadores en general, salvando las excepciones que sean salvables. Una gran mayoría de sacerdotes se pasan el día haciendo cosas: misas, encuentros, reuniones, grupos, papeles, más reuniones, formación. Yo no llamo por teléfono a un compañero antes de las diez de la noche. Incluso comer juntos no es fácil.
Es lo que tiene el famoseo, que un día sales en un papel, otro en una tertulia, de repente dices un par de cosas llamativas de puro sensatas, y mira por donde fama para toda la vida. Algo de esto le ha pasado a la señora Rafaela. Que si un día asomó en un antiguo blog que servidor mantenía en wordpress, de ahí a Infocatólica, alguna fugaz aparición en un libro y salto a la fama.
Y mañana nos mandarán un comisario popular para ver qué come el cura, si los gastos en velas, vino de consagrar y formas son correctos o si hay que invertir menos en catequesis y más en solidarizarnos con la herida madre tierra y fomentar la igualdad de géneros. El caso es dar por saco y perdón por la expresión.