Este post me puede salir carísimo o cómo ser un filón en multas
Es que, verán ustedes, me acabo de releer la Ley 3/2016, de 22 de julio, de Protección Integral contra la LGTBifobia y la Discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual en la Comunidad de Madrid, osease la ley Cifuentes, y la verdad es que con un servidor tienen un filón, amos, que cuatro como yo y arreglamos el presupuesto de la Comunidad de Madrid en un plis plas.
Servidor, que de verdad es de lo más corrientito, acaba de darse cuenta de que es un muy mal bicho, irrespetuoso, homófobo y demás. Y esto no es nada. Puedo ser aún peor. Ya te digo.
Leánse la ley, como he hecho yo mismo hace un rato, aprovechando que es primer viernes de cuaresma y a ver qué sacan. Primera: quizá con lo que acabo de decir esté utilizando un tono que algunos podrían considerar vejatorio. Apercibimiento y multa de entre 300 y 3.000 euros.

Mala cosa esa sensación de vivir bajo la ley del embudo, según la cual algunos tienen patente de corso no solo para hacer lo que les venga en gana, sino para cachondearse abiertamente de las cosas más santas de cada uno, eso sí, dejando claro que lo hacen únicamente por pura libertad de expresión y dejando claro que si alguien se burla de tu madre y tú protestas, eso es únicamente por tu falta de talante democrático amén de fruto de tu desfasada ideología fascista que te lleva a la intolerancia.
Esa es mi teoría. Muchos de los que hoy llamamos alejados son personas que aparecen por las iglesias por los motivos más diversos. Difícil es que alguien no tenga que pisar un templo, aunque no sea más que por puro compromiso social en forma de bautizo de un sobrino, boda de la prima Perenganita, la comunión de mi Josemari o el funeral de la abuela de Mengánez. Añádase a esto la procesión de San Roque en el pueblo o la fiesta del pueblo del veraneo. Difícilmente uno puede mantenerse al margen de las celebraciones de la Iglesia católica, aunque solo sea por puro ambiente social. Por tanto, ya ven que venir, vienen.