Rafaela: que lo busquen en internet
Rafaela está estupendamente, lúcida, alegre, vital y peleona como siempre. Nos llamamos alguna vez, comentamos cosas, pero sabe que yo ando con mucho lío y ella tampoco quiere quemarse la sangre.
Desde hace dos meses me cuenta que está fuera don Jesús, su párroco. Problemillas de salud y un curso de “no sé muy bien qué”, pero el caso es que no volverá al pueblo hasta después del verano. Atiende la parroquia el P. Efrén, que va lo que puede y que los habla mucho de los pobres y de acoger a los emigrantes y esas cosas, que dice Rafaela que ella no conoce un solo caso de un morito de los que hay en el pueblo que haya tenido problemas. Al revés, siempre se los ha ayudado.

Si es que no tienen costumbre. Llevan años constatando que sacudir a la Iglesia es gratis y se nos han envalentonado. Se pueden profanar capillas, nada. Se puede insultar y agredir a obispos, sacerdotes, religiosos. Nada. Calumnias, difamación, poner en solfa a cualquiera. Gratis. Hasta que un día una religiosa, que se ha sentido calumniada por una señora, posible caso de bebé robado, en lugar de callar, llorar y limitarse a rezar por su perseguidora, que posiblemente también lo haya hecho, se fue con la toca “mu bien artornillá” al juzgado y puso una querella por injurias y calumnias contra aquella que la acusó de un delito con nombre y apellidos.





