Prudencia o pusilanimidad
No está nada clara la cosa. Uno no sabe muy bien si la prudencia no pueda disfrazar la pusilanimidad, o si la cobardía y el temor no santo preferimos disfrazarlas de prudencia evangélica. O si la que llamamos prudencia no es más que pura comodidad y ganas de no complicarnos la vida.
El hecho es que hay cosas que nos queman, nos abrasan por dentro y nos callamos por la cosa de ser prudentes, no liarla, no echar fuego o mejor no dar argumentos a los de “fuera”. Desde luego es lo más conveniente humanamente hablando. Pero… Aquí hay un problema y serio. Y es el que tenemos los que somos conocidos, leídos, seguidos y comentados.



Malas cosa es que los mismos sacerdotes nos apuntemos al caballo siempre perdedor. Mal negocio partir de la derrota. Mal asunto el de la resignación y la bajada de exigencias. Malo porque es partir ya de la aceptación del fracaso como algo del todo inevitable.
Pues sí. Esta fue la colecta dominical ayer en una de mis parroquias. Exactamente: 7,49 euros. La pastoral rural, incluso en Madrid, tiene su pobreza particular. Poblaciones que apenas llegan al centenar de habitantes, atendidas por sacerdotes que llevamos tres, cuatro o cinco pueblos, y que vamos haciendo lo que buenamente se puede.





