Los - las cuatro (o cuatra) exaltados o exaltadas de ayer
Cuatro exaltados o exaltadas que se aprovechan. No tiene mayor importancia. Eso escuché y leí ayer en varios medios al aparecer las fotografías de varios templos, en Madrid y otras ciudades, que sufrieron de manera especial ataques de libertad, respeto y convivencia. Por ejemplo, en Madrid, y que yo sepa, templos como la iglesia del Espíritu Santo o las parroquias de San Juan de la Cruz, San Antonio de Cuatro Caminos o san Cristóbal. Por ejemplo, San Sebastián, con no sé cuántas mujeres con las domingas al aire.
Cuatro exaltados o exaltadas que aprovecharon el paso del Pisuerga por Valladolid para llevar a cabo la machada o la hombrada de acercarse por la noche a un lugar tan peligroso y de riesgo como un templo parroquial y dejar en él sus reivindicaciones de respeto ¡je!, amén de pedir aborto libre y gratuito, así como su agradecimiento al saber que la Virgen también iría.

No lo den más vueltas. La parroquia, o se hace de rodillas ante el Santísimo, o no se hace. Pobres, ingenuos de nosotros, si nos creemos que la parroquia se construye con actividades, grupos, marcha y simpatía a raudales. Oigan, que todo eso está bien, pero como no sea más que eso, adiós parroquia.
Me han sorprendido algunas reflexiones del cardenal Maradiaga que he podido leer esta mañana, y que parecer realizó, así lo cuenta Religión Digital, en la presentación del libro “Todos los hombres de Francisco”.
Por supuesto que las diferencias entre católicos y protestantes son notorias. La fundamental, nada menos que las fuentes de la revelación y el magisterio. Los católicos tenemos dos fuentes de revelación: la Escritura y la Tradición, interpretadas correctamente por el Magisterio. Los protestantes, evangélicos o similares solo tienen la Escritura como fuente de revelación, y no reconocen un Magisterio. Siguen en su libre interpretación.
Decir que lo que siempre fue blanco, ahora ha de ser considerado negro, o al revés, es un problema, pero no lo peor. Lo más grave es que todo sea como siempre, aunque no lo es, o siéndolo no vamos a ser rigoristas, y dependerá, y según el caso, y nunca se han de cerrar las puertas, porque eso te deja en una indefensión y un sin saber que acaba con la moral de cualquiera.