Solidarité, fraternité, mais pas charité
Las palabras no solo no son neutras, sino que marcan realmente lo que uno quiere y pretende. Leía hace unos días que por San Antón tienen un voluntario muy especial que es Cándido Méndez, secretario general que fue del sindicato UGT. No me parce ni bien ni mal sino todo lo contrario. No voy a entrar por ahí.
Si toco el asunto es porque en aquel reportaje leí cosas que me chirriaron en lo más profundo. De manera especial me sacudió una cosa que decía el propio Cándido Méndez: “Cuando nos encontramos con el Papa [en noviembre de 2016, representantes de Mensajeros de la Paz (viajaron a Roma junto a unas 50 personas sin techo), él no utilizó en ningún momento la palabra «caridad». Habló de «solidaridad». Son cosas diferentes.

No se me asusten. Es que me paso unos días sin escribir y ya se me ponen en guardia. Cosa curiosa, cómo andaremos que aquí un cura deja de escribir apenas unos días y ya está el personal pensando en represalias, prohibiciones y misericordia. No me sean mal pensados.
En una ocasión ya hablaron de esto nada menos que Rafaela y Joaquina. Hay gente buena, como Joaquina, qué digo buena, buenísima, solidarísima, caritativísima, constructora de puentes y acueductos, en salida y misericodiosísima. Gente que ve una patera y se deshace en llanto y golpes de pecho.
Como confesor y como penitente me sé muy bien eso de que “siempre caigo en lo mismo”, cada cual en lo suyo. Es lo que suelo llamar la “chinita en el zapato” que tenemos cada cual. 





