Poco se respeta al respetable
Jamás un torero se referirá a los asistentes a la plaza, que se han tomado la molestia de comprar su entrada y desplazarse para ver el espectáculo de otro modo que no sea “el respetable”. Me parece justo. Pagan y se merecen una consideración. Los fieles católicos deberían ser para curas y obispos, incluyendo el de Roma, nada menos que el respetable.
Al respetable mucho se le ha maltratado en las parroquias. Decimos que si los laicos, que si son maduros, que si no pueden ser tratados como críos… para luego hacer lo que nos da la gana. Los fieles cuando van a misa lo que desean es participar en la celebración de la santa misa, no pasar unos minutos de susto en susto. Llegan y no saben muy bien qué se van a encontrar. Lo único fijo es que se hará la colecta, que una cosa es ser progre y otra pasar necesidad.

Cuando un servidor llegó al convento, año 1973, los dos libros básicos para cualquier trabajo o actividad eran los documentos del Vaticano II y el catecismo holandés. En aquellos años el catecismo holandés era algo así como el paradigma de la iglesia conciliar y el compendio de la teología más avanzada.
Una vez más no me queda más remedio que reconocer el sentido común y las buenas ocurrencias de mi amiga Rafaela. Lleva unos días en los que, cuando quiere tomarme el pelo, y es especialista, se dirige a mí llamándome no D. Jorge, ni siquiera Jorge a secas, qué va. Ni mucho menos. Simplemente me dice: “oye, curo”.