Rafaela no se fía del bicho de su iglesia
Aquel día apareció don Jesús por el pueblo. Apenas acudía por allí y menos en tiempos de aislamiento. Celebraba misa en el pueblo de mayor entidad y se limitaba a acercarse alguna vez por el pueblo de Rafaela por la cosa de dar una vuelta a la iglesia parroquial y ver si estaba todo en orden.
Sorpresa fue encontrarse con Rafaela por la calle. Pero, como ella dijo, es que ya nos han levantado el arresto y podemos pasear un rato, y, encima, sin horario.
- Rafaela, ¿sabes que a partir del día 11 ya podremos celebrar misas?
- Sí, eso han dicho en la tele.
- Habrá que tener cuidado, solo se nos permite un tercio de aforo.
- ¿Un tercio? Ya quisiera…

La imposibilidad en la práctica de acudir a los templos durante dos meses no ha sido lo peor. Se están jugando muchas cosas en estos momentos y nos tocará, me temo alzar la voz. Si no lo hacemos, gritarán las piedras.
Me sueltan el argumento algunas veces. Yo sé que el disenso molesta. Y mucho. Hay cuestiones en las que uno, libremente, disiente de otros, sin excluir sus pastores. Evidentemente en cosas que pueden ser matizables. Aquí no hablamos del credo, el dogma, las normas litúrgicas o la moral católica según se nos ha enseñado de siempre. Hasta ahí podíamos llegar. Hay otras cuestiones que son perfectamente opinables.
Lo de Pedro por intolerante, por bruto, por poco cuidadoso, por insultador, fanático, prepotente, personalista, agresivo y proselitista.