Una plaga llamada moniciones
Directamente las tengo suprimidas. Suelo hacer la monición de entrada del misal y, en las celebraciones de los santos, leo un par de cosas de su biografía. Y ya.
Las moniciones aparecen por falta de estudio, en primer lugar. No sé qué trabajo nos costaría a los sacerdotes dedicar de vez en cuando unos minutos, no más de los que se necesitan para repasar el Marca, para repasar el misal romano, sobre todo la letra “colorá”. Para los más legos en el asunto, el misal ofrece textos con letra de color negro, que son las cosas que se leen, sea en voz alta o baja. Y ofrece textos en rojo, la letra “colorá” que se decía, que son las rúbricas, el modo de hacer las cosas.

Tengo unos feligreses que no me los merezco. No voy a caer en la tentación de dividirlos entre reales y virtuales como si los que se incorporan a la celebración eucarística a través de sus ordenadores fueran algo así como una especie de ectoplasma. Feligreses reales que cada día viven la eucaristía, la celebran, la gozan.
No se me pierdan el ejemplo del final. Muy clarificador. Y ahora vamos al post.
Cuando yo era niño los hoy likes se escribían de otra manera, liques, y significaban algo completamente diferente. En el juego de la pídola, una modalidad de salto era hacerlo con lique, que consistía en propinar, en el momento del salto, un taconazo en el trasero del que hacía de “burro".
De las cosas más impactantes que un servidor ha escuchado desde que comenzó la pandemia.