Colectas no presenciales
Tengo unos feligreses que no me los merezco. No voy a caer en la tentación de dividirlos entre reales y virtuales como si los que se incorporan a la celebración eucarística a través de sus ordenadores fueran algo así como una especie de ectoplasma. Feligreses reales que cada día viven la eucaristía, la celebran, la gozan.
Podrían parecer las misas retransmitidas por las redes sociales celebraciones frías, sin pueblo, sin el calor de una comunidad presencial, para nada participadas, donde el celebrante hace de Juan Palomo que yo me lo guiso y yo me lo como. Podría parecer. Sí. Sin embargo, mi experiencia es muy otra.
No son muchos los que siguen mis misas por las redes sociales. Los días laborables puedo llegar a unas 150 reproducciones y algo más los domingos. Dicho esto, he ido comprobando muchas cosas.

No se me pierdan el ejemplo del final. Muy clarificador. Y ahora vamos al post.
Cuando yo era niño los hoy likes se escribían de otra manera, liques, y significaban algo completamente diferente. En el juego de la pídola, una modalidad de salto era hacerlo con lique, que consistía en propinar, en el momento del salto, un taconazo en el trasero del que hacía de “burro".
De las cosas más impactantes que un servidor ha escuchado desde que comenzó la pandemia.
Si a un servidor se le ocurriera u ocurriese cualquier cosa de tipo pastoral, como podría ser una misa solemne, procesión de desagravio, novena a san Roque, rogativas “ad petendam pluviam”, rosario de la aurora, mercadillo solidario, huerto ecológico o festival misionero, y resultara o resultase que no acude más que la señora Rafaela, y no siempre, pues me lo tendría que mirar. Algo pasa.