La clase de ayer. Rozando las mil reproducciones
Perdí a la última abuela hace cincuenta años y no tengo padre ni madre, aunque sí un perrito que me ladre que, en el caso de Socio, ladra poco. Me quedan los “likes” de las redes sociales para la cosa de la autoestima, aunque, seamos claros, después de cuarenta años de ministerio sacerdotal lo de la cosa de la autoestima es algo del todo superado.
Dicho esto, cuento a mis lectores que desde abril estoy impartiendo via Facebook unas charlas de formación católica siguiendo el compendio del catecismo de la Iglesia católica. Tenemos esta formación los jueves a partir de las 20:15 h. y son ya quince las sesiones impartidas. Hay gente que se asoma un momento, otros que se tragan la charla entera, bastantes que participan con sus comentarios y muchos más que siguen la formación “en diferido”, sobre todo los que se conectan desde Hispanoamérica. Alguna vez ya he comentado en el mismo blog que estaba contento con las charlas, porque, claro, si te empeñas en dar formación y no se conecta nadie pues vaya fracaso.

El ideal, lo que todos queremos, pretendemos y exigimos es que a todos se nos trate por igual. Desde niños. Las comparaciones no son para nada odiosas, sino muy clarificadoras. A ver, ¿por qué a Fulano se le permite y a Mengano no? Nos puede suceder en las parroquias a nada que nos descuidemos.
Me piden, cómo no, unas palabras sobre la Instrucción
Hay infocatólicos e infocatólicos. Los hay que pasan como de puntillas, sin romperlo ni mancharlo, otros dejan sus comentarios de forma más que discreta y los hay que han dado el paso del conocimiento personal. Lo cierto es que se va formando una buena red de amigos con los que se agradece el encuentro.
Hay que ser memo para pensar que el gobierno de Sánchez hace cualquier cosa a favor de algo o de alguien que no sea él mismo. Ayer se nos ofreció un supuesto acto de homenaje a los fallecidos que no era otra cosa que autobombo de Pedro y Pablo con desprecio abundante de los que no consideran de los suyos.





