Los adjetivos de la ministra de igual da
Con motivo del tristísimo suceso de las dos hermanitas asesinadas por su padre, la sin par ministra de “igual da”, Irene Montero, se nos ha descolgado con un “aquí necesitamos una justicia feminista”. Ya sé que esto no es para nada un blog de política, pero miren por dónde la última chorrada de doña Irene me va a servir para hacer algunas reflexiones.
No hay nada más traicionero que un adjetivo. La justicia es la justicia y punto final. Tenemos unos códigos de derecho, leyes, tribunales y jurisprudencia. Aplíquense. Y si hay que cambiar algo, que nuestros legisladores lo hagan. Lo malo es cuando dices que la justicia tiene que ser feminista, porque eso significa que nos encontramos con una justicia iuxta modum que va a juzgar de las cosas según el particular entendimiento de lo que doña Irene o similares entiendan, que por lo que vamos constatando no es mucho. Vamos ahora a lo nuestro.

El quinto mandamiento de la santa madre Iglesia hoy está formulado como “ayudar a la Iglesia en sus necesidades”. Otra era su formulación clásica: “El quinto, pagar diezmos y primicias a la Iglesia de Dios”. De esto vivían la Iglesia y el clero a ella dedicado.
Han sido, me dicen, nada menos que cincuenta y dos semanas dedicadas a desgranar el compendio del catecismo de la Iglesia católica. Bastante gente, y muchas descargas posteriores de los videos, que en ocasiones han sobrepasado abundantemente las mil cien. Este pasado jueves hemos terminado la tarea y, de momento, unas semanas de vacaciones. Las charlas, por cierto, están
Madrid, las ciudades, los pueblos grandes, quizá sean otra cosa, que tampoco es para tanto. El caso es que la pastoral ya se sabe cómo es: unos niños de primera comunión de los que perseveran en su catequesis una mínima parte, los de confirmación, unos cuantos jóvenes, algo de pastoral familiar, quizá catequesis de adultos, Cáritas, despacho… Junto a esto misas y confesiones y alguna celebración especial. Esto lo hemos tenido todos con mejor o peor fortuna.





