Socio agradecido y emocionado
Es que no es para menos…
Esto me escribe ayer un compañero desde Cuba:
Querido P Jorge … me llamo … soy sacerdote diocesano cubano, de la diócesis de … Hace ya tiempo que sigo sus escritos y los comparto en mis grupos de la parroquia. Quiero agradecerle por su claridad meridiana y finísima y edificante ironía, jjjjjj. La Rafaela es tremendo personaje. Ojalá hubiera una o dos en cada parroquia. En Cuba las había, lamentablemente se están extinguiendo. Le cuento también que tengo un cachorro de 7 meses bautizado como Socio, en honor del suyo. Aquí le mando una foto. Es un Spaniel Tibetano, y también me ladra en Navidad…

En los años ochenta se puso muy de moda en la Iglesia lo de preguntar a la gente a ver qué quería. En una ocasión yo mismo, cura recién salido del horno, se lo propuse a un sacerdote de experiencia probada:
Me sorpende. O no. O sí, o según depende. Pero el hecho es lo que es y los datos, tercos.
Los curas de pueblo tenemos la suerte del poyo. En la capital hay bancos de madera y piedra para los viandantes. En el pueblo somos más de poyo de piedra. Los pórticos de los templos fueron lugar de reunión de vecinos que ahí se congregaban a toque de campana para tratar de las cosas del pueblo. Quizá como recuerdo de aquellos tiempos se sigue encontrando el poyo a la puerta.
En mis pueblos cada tarde rosario y misa. Dos días en cada uno de ellos. El rosario siempre acaba igual: una salve por las intenciones del santo padre.





