Predicar de la agenda 2030
Servidor mismo. Ayer sin ir más lejos.
Decía un servidor ayer en la homilía de la misa, misa que pueden encontrar perfectamente en mi perfil de Facebook, que eso de Isaías de la primera lectura, de ese mundo idílico donde puedan convivir el oso y el buey, el lobo y el cordero, en el que no haya daño y todo sea gozo y fraternidad, es algo que a todos nos entusiasma. ¿Quién será el que no se apunte a esa nueva realidad? ¿Quién de nosotros hará ascos a un mundo sin pobreza, en paz, donde se vivan la justicia y el amor universal? Un católico se apunta el primero y más aún cuando llegará una perfección plena en el cielo.
Decía que eso del mundo nuevo en justicia y paz era algo que hoy nos presentan los políticos y los grandes de este mundo bajo los auspicios de la ONU en un proyecto que se nos ofrece bajo la denominación “agenda 2030″. Hoy vemos políticos de casi todos los signos luciendo orgullosos en la solapa la insignia de este “maravilloso” proyecto.

Ya saben que servidor es muy suyo, o muy mío, y que tiene su forma de administrar el blog. Atentos que no digo que sea una forma buena o mala. Es mía. Simplemente mía.
Este es hoy el problema de muchas familias católicas. De vez en cuando me encuentro con personas que se dirigen a un servidor pidiendo que les ayude a encontrar una parroquia de confianza donde acudir a misa, confesarse y llevar a sus hijos a catequesis. Mi primera respuesta es la fácil: todas las parroquias son de confianza.
Ayer domingo publicó en ABC el profesor Serrano Oceja un artículo escalofriante en el que se hace eco de los datos sobre creencias religiosas según la encuesta del CIS del mes de noviembre. Dice D. José Francisco: “lo más llamativo quizá sea que sólo el 11,7% de los jóvenes de entre 18 a 24 años, y el 8,9 % de los que tienen entre 25 y 34 años, se declaran católicos. Esto supone que sólo uno de cada diez jóvenes españoles se confiesa creyente católico. ¿Cuál será, por tanto, el futuro de la presencia de la propuesta de la Iglesia?”