Vegetarianos por el derecho a decidir
Más o menos todos sabemos lo que es un vegetariano: un señor (o señora, perdón) que no come carne. Punto. Los hay más estrictos que también suprimen pescado, lácteos y huevos. Otros admiten alguna o algunas de estas cosas. Pues ya está. Coma cada cual lo que le plazca.
Lo curioso serían otros tipos de vegetarianos. A saber:
Vegetariano que no practica. En su mente está encantado con lo de la lechuga, el tomate, las patatas, la soja y las algas marinas, aunque en la práctica es alguien que practica la elegancia gastronómica de chuletón, solomillo, chorizo de Cantimpalos y morcillas de Burgos. Sencillito: es vegetariano más que nadie, mucho más que esos que no salen del tomate y la achicoria, lo que pasa es que no practica.

No siempre es uno el que preside la celebración. Puede suceder que concelebres en la eucaristía, por ejemplo, o que participes como simple fiel en la liturgia. He de reconocer que en ocasiones acabo de los nervios. No me digan por qué, pero hay cosas que me quitan la paz. Que a lo mejor están bien hechas o son convenientes, que en eso no entro, pero que en lugar de ayudarme a entrar en el misterio me sacan de él, de forma que en vez de participar y disfrutar de la ceremonia acabo deseando que aquello termine pronto para poder ir en paz.
El cura Paco, siempre fue Paco para los compañeros, mantuvo siempre su pequeño ten con ten con su madre la Iglesia. No recuerdo cura más fraterno con los curas, ni hombre que quisiera más a su Iglesia. Quizá por eso sufría tanto.
Nos quejamos de que en demasiadas ocasiones apenas viene gente a las convocatorias parroquiales. Sin embargo hoy he de decir que me alegro de que a algunas llamadas no aparezca nadie o casi nadie. Mucho mejor.





