¿A quién le importan los sueños de Arias, de Boff o de Vidal?
Los sueños, sueños son. Por soñar que no quede. Buen soñador José Manuel Vidal que se hace eco de las palabras de otro fantasioso de la fe llamado Genésio Darci Boff, aunque en los carteles mediáticos decidió cambiar eso de Genésio, tan poco comercial, por Leonardo, que suena a fuerza y vende más. No saquen malas conclusiones. Es por facilitar las cosas a los sencillos.
Pues dice Vidal que Boff le ha dicho a Arias que según una amiga del papa de los tiempos de Buenos Aires, que habla con Francisco todas las semanas, ha dicho que le han contado que el papa podría rehabilitar a los quinientos teólogos condenados por la Iglesia durante los años en que en ella mandaban Ratzinger y Wojtyla, pero que cree que no lo hará “mientras viva Benedicto XVI". Por cierto, curioso que Francisco no sea Bergoglio mientras Juan Pablo II y Benedicto XVI son Ratzinger y Wojtyla. Misterios de la alta teología, inalcanzables para el común de los mortales.

Hace ahora algunos años tuve la oportunidad de viajar a Perú. Recuerdo una pequeña ciudad en el Amazonas, no lejos de Iquitos, de nombre Indiana. No sé cuántos habitantes tendría ¿dos mil, tres mil? pero sí me sorprendió una cosa: descubrir entre sus calles no menos de quince lugares diferentes de culto y reunión correspondientes a confesiones evangélicas y aún no cristianas.
Tengo la impresión de que es un sacramento medio en desuso. Rarísima vez me llaman para administrar la unción a un enfermo. No digamos eso de las urgencias nocturnas. Nada. Pienso que parte, sobre todo en grandes ciudades, se debe a que la gran mayoría de las defunciones se producen en centros hospitalarios y son los capellanes de hospital los que atienden a los enfermos en esos momentos. Pero también influye el rechazo de la familia para que el enfermo “no se asuste”. Seguimos con la idea de que si un enfermo grave ve a un sacerdote se llevará el susto de su vida.





