¿El ex - calendario del Corazón de Jesús?
De las grandes cosas que nos regala la compañía de Jesús. No creo que haya un hogar en España donde no se conozca y se siga el taco del Corazón de Jesús. Lo recuerdo de mi abuela, cómo guardaba las hojas de los días grandes, luego mi madre, nosotros mismos.
Es algo que ha encontrado la fórmula perfecta en diseño e información. Y el reverso de cada hoja es un compendio de reflexión, curiosidades, humor del sano y sugerencias interesantes. Por eso cuando alguien me hace una crítica de alguna cosa del calendario, me pongo nervioso. Me dolería en extremo que se lo cargaran a base de modernidad, diseño y nueva teología. No veo necesidad de transformar algo que, si no me fallan los datos, lleva acompañándonos desde 1866.
Ayer un amable comentarista me señalaba lo que él entendía una desafortunada frase para acompañar la jornada. Era de Rousseau y decía: “La única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a ninguna”. Hombre, pues la verdad es que no es de las mejores.
Comprendo que buscar una frase diaria que venga bien, haga pensar, sea útil y provechosa en todo es tarea de titanes, y no es extraño que alguna se nos vaya simplemente por despiste o falta de cuidado excesivo. No tiene mayor importancia, aunque servidor dejaría fuera de ellas a algunos autores, a Rousseau por ejemplo, como dejaría a Chávez, Lenin o Hegel. Cosas de uno que sabe que tiene mil lugares donde escoger, desde la Sagrada Escritura al refranero popular pasando por la tradición católica y nuestros grandes santos.
La frasecita de Rousseau la verdad es que se las trae. Yo aprendí que la virtud era el hábito de lo bueno, y el vicio de lo malo. Desde este punto de vista que un niño adquiera la buena costumbre de ser laborioso, trabajador, disciplinado, piadoso, educado, servicial me parece un lujo. Benditas buenas costumbres. Libros había sobre esto, ¿recuerdan?
Yo creo que el asunto no tiene mayor importancia. Quizá lo único que hay que tener cuidado con las frasecitas, tarea ardua en cualquier caso cuando hay que hacer el taco de cada año.
Mi miedo no es una frasecita aislada. Mi miedo es que un día se empeñen en hacer un calendario moderno, actual, renovado, comprometido, inserto en la realidad y solidario con los pobres, porque ese día sí que tendremos que hablar del “ex - calendario del Corazón de Jesús”. Pero afortunadamente no va a ser mañana.
14 comentarios
En fin...
Lamentablemente no lo conozco. Pero entiendo la preocupación. En mi profesión (la publicidad) hay un afán desmedido por siempre cambiar, innovar, hacer cosas diferentes y la mitad del tiempo me la paso tratando de rescatar cosas antiguas que funcionan extraordinariamente bien. Como por ejemplo esos números "de calendario" con los que yo aprendí a contar, ya no se encuentran en las "fuentes" de las computadoras. Es una pena. Y no conozco ni un diseñador capaz de lograr una claridad tan grande con "tanta información". El asunto me hizo recordarme de un amigo que tenía una agenda electrónica de lo más sofisticado, y en la parte de atrás le había pegado un calendario de bolsillo, porque era mucho más rápido de consultar.
Sobre la frase:
No me parece tan mala. Y es que me enfoco en el verbo "someter", que la RAE define como "subordinar el juicio". Visto así, no me parece nada mal que se enseñe al niño a no subordinar su juicio a una costumbre, por buena que esta parezca, sino por el contrario, que por encima de toda costumbre, exista un juicio personal para que sepa qué hace y por qué. Tema completamente distinto es la formación del juicio justo, pero si asumimos que el niño TAMBIEN está formado en recta conciencia, es bueno que no se someta a ninguna costumbre. Digo yo.
Por lo demás, me ha gustado su comentario.
Un saludo.
Un libro que rompe con los mitos de intelectuales consagrados
(...)
A modo de breves biografías, el libro recorre con agilidad su vidas y prestan al lector innumerables y sabrosas anécdotas de estos personajes. El primero con el que arranca la serie es Rousseau. Este padre ilustrado de la modernidad fue un hombre terriblemente egocéntrico. La lista de sus perversiones sexuales, que gustaba de contar, es larga, al igual que el número de sus amantes o de los hijos que abandonó en la inclusa. A pesar de considerársele padre de la pedagogía no hizo el más mínimo ademán por educar a sus retoños. Con los años fue enloqueciendo en la misma medida que iba aumentado su prestigio. Su megalomanía era tal que consideraba que había una conspiración mundial en marcha contra su persona. Sus Confesiones están llenas de inexactitudes y oculta su tacañería que le llevó a dejar morir en la indigencia a sus seres queridos.
Arantza
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Jorge:
No solo no es malo, sino que es muy bueno. Cuando afirmo "un calendario moderno, actual, renovado, comprometido, inserto en la realidad y solidario con los pobres" lo que hago es una caricatura de una forma de hacer iglesia capaz de justificar lo injustificable con la cosa de que hay que estar con los pobres, que a la hora de la verdad tampoco es cierto.
Hay un pequeño ensayo que publicó hace unos años Alicia Delibes Liniers, entonces consejera de educación de la Comunidad de Madrid, llamado "La Gran Estafa" (el ensayo lleva un subtítulo de lo más descriptivo: "El secuestro del sentido común en la educación"). Imagino que a estas alturas será difícil de conseguir, le dejo la referencia:
http://www.casadellibro.com/libro-la-gran-estafa/9788493245962/1100510
En él, Alicia Delibes contrapone los axiomas pedagógicos de Rousseau con los de su contemporáneo Condorcet, trazando a partir de ahí un relato de las dos tradiciones educativas originadas en cada uno de estos dos pensadores. Para ello, hace especial hincapié en el empeño de Rousseau de crear un "hombre nuevo", perfecto ciudadano de la sociedad surgida de la revolución francesa. Condorcet, en cambio, busca formar hombres instruidos, libres y responsables.
La forma en que Rousseau propone conseguir su objetivo (que describe en su famoso libro "Emilio") consiste en asignar un "tutor" a los niños, encargado de acompañarles desde la cuna hasta su mayoría de edad, enseñándoles y dirigiéndoles. Este "tutor" se presentaría ante el niño como amigo y confidente, abusando de esa inocente confianza para, suavemente, dirigir su mentalidad hacia el objetivo que se haya determinado. Esto lo lograría dialogando con él, no enfrentándole sino convenciéndole de que debe pensar de una determinada manera. Así engañado, el niño crecería convencido de que ha sido él quien ha decidido ser y pensar de la manera que en realidad le ha sido impuesta por su "tutor", sin tener ni idea de que su voluntad no ha decidido libremente sino secuestrada por las añagazas de su tutor-adoctrinador.
Por su parte, lo que defendía Condorcet era lo opuesto: la escuela debe limitarse a proporcionar una buena "instrucción", ya que la "educación" es potestad exclusiva de los padres. Así, bien instruidos, los ciudadanos tendrán la oportunidad de una vida libre en la que las decisiones sean maduras e informadas.
Huelga decir que los paradigmas de Rousseau han sido profusamente aplicados tanto por las dictaduras explícitas como por las implícitas, en las que vivimos, ya que permite la manipulación de los ciudadanos a voluntad del gobernante, y eso es muy goloso.
PD: Es de justicia reconocer que Rousseau logró entender de manera extraordinaria la mentalidad infantil, y que su "Emilio" es un increíble tratado en el que se plasman los pormenores de esta mentalidad. El problema de Rousseau no está tanto en las poderosísimas herramientas pedagógicas que desglosó en su libro, cuanto en los perversos fines para las que diseñó esas herramientas y para los que éstas se han utilizado sistemáticamente desde que él las ideó.
PD: En la línea de "suavidad" revolucionaria, es preciso mencionar que Condorcet murió encarcelado. Como puede verse, no hay nada más contrario a la realidad de esas impostadas "libertad, igualdad, fraternidad" que el pensamiento de alguien que quería enseñar a ser de verdaderamente libre.
Dice la Biblia que "La Verdad os hará libres". Aunque esta frase se refería a la libertad que otorgaba la Palabra frente a la esclavitud del pecado, es perfectamente aplicable a la verdad en la formación y en la información, ya que no puede haber una decisión verdaderamente libre si está basada en una mentira.
Un saludo.
Como puede ver en mi respuesta a José Ignacio, Rousseau propugnaba la creación de un "Hombre nuevo", y para ello era necesario desarraigar a la gente de modo que sólo pudiera arraigar en la mentalidad revolucionaria para la que se le pretendía moldear (y ese proceso de arraigo artificial es el que describe en el "Emilio").
Así pues, Rousseau no habla de no obsesionarse con las tradiciones sino directamente de erradicarlas, de modo que su "hombre nuevo" viva unas tradiciones igualmente "nuevas".
Un saludo.
Totalmente de acuerdo con usted (Me ha dejado aturdido; tendré que empezar a seguir sus comentarios...)
Un saludo.
Leí "La Gran Estafa" cuando salió, hace más de un lustro, y desde luego es una lectura que recomiendo encarecidamente. El problema es que se trata de un libro poco difundido, que no creo que se haya reeditado, de modo que dudo que se pueda encontrar salvo en bibliotecas o segunda mano.
Naturalmente, si busca vd en Internet información sobre el libro, se va a encontrar con un aluvión de los clásicos exabruptos progres, indefectiblemente plagados de prejuicios, dogmatismos tóxicos, medias verdades y falsedades enteras, fórmula de eficacia más que probada para mejor soliviantar esa masa de público crédulo y manipulable al que ni por asomo va a pasársele por la cabeza el verificar las fuentes (en serio: acabo de hacer la prueba de acudir al primer exabrupto que me daba Google y consultar la fuente de un entrecomillado que supuestamente lo justificaba y, qué casualidad, resulta que el entrecomillado estaba manipulado).
PD: Si va a estar atento a mis comentarios, le prevengo de un par de cosillas: la primera, que me suelo enrollar como una persiana de tamaño familiar o incluso comunitario (no diga luego que no le avisé); la segunda, que somos dos los Álvaros que escribimos por estos lares (yo soy el que firma sin acentuar la "A" de "Alvaro" y se despide con "Un saludo").
Un saludo.
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