¿Qué te diré que no sepas, Marcelo?
Mi buen amigo Pablo Ginés nos ha ofrecido desde La Razón una entrevista muy interesante a Marcelo Olima, predicador laico de la Renovación Carismática Católica. Y lo cierto es que Marcelo no se ha cortado ni un pelo. Su análisis sobre la situación de la fe católica en España se resume en una de las respuestas:
En España no sólo me asombra la falta de fe de los jóvenes, sino la falta de valores humanos. Por ejemplo, falta respeto a los mayores, a la familia o a los profesores, que en América aún se mantiene. Allí nunca vi, como en España, que un chaval pegue a una profesora o a su padre. Además, me escandaliza tener profesores, curas, que no creen en los milagros, que dicen que eran cosas de los tiempos de Jesús. ¡Yo he visto muchos milagros y curaciones en mis viajes! O curas que no creen en la Resurrección. Y hay mucho católico “light", que acepta el aborto y el divorcio “exprés". Creo que a muchos clérigos en España les falta ansia por evangelizar, por llegar a la gente. ¡Están contentos con las diez abuelitas que ya tienen en la parroquia, con misas frías, de 20 minutos, sermones que repiten el evangelio sin aterrizarlo en la vida de la gente! En Los Ángeles una misa de domingo parroquial dura hora y media, y si es carismática, dos horas.
Estoy plenamente de acuerdo. Si acaso yo no pondría tanto énfasis en los sacerdotes. Los hay que querrían tener las misas llenas para que sus sermones, bien preparados, encontraran eco. Pero la gente pasa. El evangelio es infinitamente más exigente que el buenismo que muchos querrían oír. La indiferencia de la mayor parte de la juventud española viene dada no sólo por el hecho de que a cierta edad, las hormonas y el conflicto que supone pasar de la infancia a la edad adulta producen una previsible inestabilidad emocional y espiritual, sino sobre todo por la educación que ha recibido en la escuela, en casa y desde los medios de comunicación. La mayor parte de los colegios católicos no marcan ya una diferencia esencial respecto a la escuela pública. Eso es debido en gran medida a la secularización interna, que ha afectado sobre todo a las órdenes religiosas.
El drama los que intentan evangelizar este país es que no se encuentran con gentes que nunca han oído hablar de Cristo. Casi todo el mundo sabe quién es el Salvador y qué vino a hacer. Pero les da lo mismo. La novedad del evangelio no es tal novedad. Sencillamente, no interesa. Ya no estamos en el tiempo en que la gente iba a misa por costumbre social. Ese tipo de catolicismo, tan denostado por muchos, tenía la virtud de que muchos oían el evangelio al menos una vez por semana. Y si el cura de turno era “hábil", el mensaje podía ir calando, siquiera inconscientemente, en las almas de los “católicos sociales".
Por otra parte, el modelo de predicación “carismática” del que me imagino que hace uso Marcelo, no encuentra en España la respuesta que sí consigue allende los mares. Le pasa lo mismo a los evangélicos, que llevan décadas esperando un avivamiento que ni llega ni llegará. Los predicadores modelo Billy Graham, Benny Hinn y Anacondia se estrellan contra el indiferentismo religioso español.
Aquí sólo goza de relativa buena salud la religiosidad popular. La Semana Santa es ejemplo de ello. España sigue siendo un país de procesiones y romerías. Puede que a muchos eruditos de la nada eso les parezca penoso, pero es evidente que esa religiosidad es una de las pocas puertas abiertas por las que se podría recuperar el alma católica de esta nación. En cierto modo es el hilo que nos una a una tradición que hoy languidece.
Luis Fernando Pérez









