(65) ¿Son católicas todas las congregaciones e institutos de la Iglesia?
Por supuesto que no. Aunque gracias al “amigo Okham”, cualquier cosa puede llamarse como le plazca a cada uno; ¡Viva la Pepa!
Siempre me han gustado ciertos detalles ornamentales del carnaval de Venecia; hay disfraces maravillosos, pero el caballo de Troya es “otro cantar", sobre todo cuando lo tenemos cabalgando intramuros. Ahora bien, ¿qué provoca más náuseas, el enemigo o el traidor?
Y sin embargo…no imaginamos ni siquiera a Judas riéndose de la Cruz.
Año de la vida Consagrada…”¿consagrada a qué?”, podría preguntar algún extraño. Y a la vista de ciertas aberraciones, preguntamos lo mismo.
Porque creímos que luego de las declaraciones de J.M. Gil Tamayo -considerando que el humor blasfemo es “también necesario” a la sociedad…, en la misma línea que el periódico La Nación- habíamos leído u oído demasiado, pero por lo visto no.

Mirar en estos días a Francia y creer que nos es ajeno lo que está sucediendo, o por lo menos remoto, es no entender nada de nada; es no tener idea de dónde estamos parados, porque en su infidelidad histórica y castigos presentes, estamos todos comprendidos y hermanados. Pero no para proclamar “Yo soy Charlie”, porque esa proposición es verdaderamente vergonzosa: ¿cómo es posible que por repudiar un crimen, se enaltezca otro?; ¿desde cuándo la víctima de un atentado hace que la muerte convierta en loables sus abominaciones?. 
Hay lecturas acerca de este grandioso misterio que dejan escapar toda su hondura apelando a una simbología bastante elemental. Por eso,
A mí siempre me ha seducido especialmente, y creo que tal vez es como la “Cenicienta” de las Teologales, pues siempre hay quienes velan celosos por los abusos contra la Fe y la Caridad, pero en lo que se refiere a la Esperanza, mientras unos gustan de falsificarla, otros la descuidan gravemente (olvidando que la desesperación es el aguijón inconfundible del desbarranco de Judas, inclusive más que la traición…).
Ya sabemos que muchos nos dirán que somos estructurados, que lo importante es la intención, que no seamos fariseos, porque al fin y al cabo…bueno, admitámoslo: ¡somos ángeles purísimos y todo lo que tenga relación con las formas no nos toca ni de lejos!. Las formas -sean éstas jurídicas, sociales, litúrgicas- son una deplorable pieza de museo, de gente muy dura, muy mala y sobre todo, con el alma llena de telarañas, que no merecen ni una pastillita de misericordina. Sólo los buenos -y los pobres, por supuesto- son capaces de comprender los ribetes místicos que hay en celebrar la Misa con el trapo multicolor de la “diversidad” (*), tras una cantante popularizada en la protesta revolucionaria, la provocación y el erotismo.




