Francia regresa al «consustancial al Padre»
Se acaba de publicar en Francia una nueva traducción del ordinario de la misa y entre los cambios con respecto al que estaba en vigor se encuentra la recuperación, en el Credo, del término «consustancial al Padre» en lugar del «de la misma naturaleza del Padre» introducido en 1965. Un cambio que, en su día, levantó agrias polémicas e incluso acusaciones de herejía para la entonces nueva fórmula.
En su día Francisco Canals explicaba desde las páginas de la revista Cristiandad que «homousion, consubstantialem, es un término que, por sí mismo, significa que el Hijo es de la misma naturaleza divina que el Padre… la afirmación de la identidad de naturaleza o consustancialidad de las divinas personas contiene implícitamente que son un solo Dios». Cuando en el Credo de Nicea decimos consustancial, estamos afirmando la misma naturaleza del Hijo y del Padre.

¿Por qué nos comportamos de una determinada manera? ¿Por qué en Europa se desarrolló lo que Toynbee llama la civilización cristiana occidental y por qué esta ha logrado unos niveles de desarrollo y prosperidad muy superiores a los de otras civilizaciones?

Que el peso de China en el mundo es creciente ya es un tópico. También para la Iglesia católica, enfrascada en un pulso con el régimen comunista chino que, por mucho que les pese a algunos, está en las antípodas de la Doctrina social de la Iglesia y se empeña en demostrarlo sin apenas pudor. Las terribles noticias que nos llegan desde China en los últimos tiempos parecen confirmar los peores augurios acerca del acuerdo secreto entre China y el Vaticano.





