(LifeNews/InfoCatólica) A primera vista parece una sátira, algo tan grotesco y absurdo que no puede ser real. Pero lo es. En el centro de Florida, el grupo abortista Stand With Abortion Now, conocido por sus siglas SWAN, vende productos que convierten la muerte deliberada de niños no nacidos en una broma, en una prenda de moda y en una forma de recaudar fondos. Así lo denuncia Olivia Summers, abogada asociada del Centro Americano para la Ley y la Justicia (ACLJ), dedicada a la defensa de la vida y de las libertades de expresión y religiosa, que insiste en que nada de lo que describe es una parodia, sino la manera en que el propio grupo presenta y comercializa su labor.
SWAN es un grupo de escoltas de abortorio fundado en junio de 2022, inmediatamente después de que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos anulara la sentencia Roe contra Wade. La organización presume de haber sido creada «justo después de la destrucción de Roe contra Wade por el Tribunal Supremo fascista», y declara que protegerá y ampliará el aborto «por todos los medios necesarios».
«Solo necesitamos que matéis a los bebés»
Las publicaciones del grupo en las redes sociales y sus productos arrancan de cuajo los eufemismos habituales. En un mensaje reciente en Instagram, SWAN detallaba en qué gasta el dinero que recibe: pagar abortos en su abortorio y en otro asociado de Tampa, financiar viajes para abortar fuera del estado, prestar ayuda mutua y pagar fianzas para sacar de la cárcel a sus «camaradas». Y a continuación llegaba la petición: «solo necesitamos que matéis a los bebés».
La misma organización gestiona una tienda en Shopify encabezada con el lema «100% auténtico merchandising proaborto», que invita a los clientes a «combatir las prohibiciones del aborto con ESTILO».
Al parecer, SWAN considera que estos productos son una sátira ingeniosa, una forma de ridiculizar a los estadounidenses provida retorciendo la verdad que estos proclaman sobre el aborto hasta convertirla en lemas e imágenes grotescos. Algunos son tan viles que no pueden mostrarse ni describirse. Pero la burla se vuelve contra sus autores, advierte Summers: en lugar de desacreditar la postura provida, estos productos llaman la atención sobre la realidad misma que la industria del aborto lleva décadas escondiendo tras eufemismos como «elección», «atención sanitaria» o «libertad reproductiva».
Sin límite alguno
Uno de los productos expresa con escalofriante claridad la postura abortista: no debe haber ningún límite al aborto, sea cual sea la fase del embarazo o las circunstancias.
La camiseta «Mife y Miso» juega con los apodos de la mifepristona y el misoprostol, los dos fármacos que suelen emplearse juntos en el aborto químico. La mifepristona bloquea la progesterona, lo que provoca que se deshaga el entorno en el que se desarrolla el niño no nacido, y el misoprostol induce contracciones para expulsar al niño del vientre materno. Lo que la camiseta presenta como una pareja simpática es, en realidad, una referencia al régimen de píldoras abortivas que acaba con una vida humana no nacida.
No son lemas de personas que presenten el aborto como un trágico último recurso. Son declaraciones de quienes tratan el aborto como un arma política, como una seña de identidad cultural y como entretenimiento para la temporada de Halloween. «Los fetos me temen» y «No me importa si el aborto es asesinato» no son mensajes sutiles. Tampoco lo es «matad a los bebés». Se busca provocar, pero la realidad que hay detrás de la provocación es la muerte de un niño no nacido.
Píldoras abortivas a los cincuenta estados
La actividad de SWAN no se queda en los lemas y los productos. Entre sus recursos, el grupo deriva a las mujeres a Aid Access, una organización que distribuye píldoras abortivas por correo a mujeres de los cincuenta estados, incluidos aquellos cuyas leyes protegen la vida del no nacido. No se trata de una simple recomendación en internet, sino de una pieza de un sistema nacional diseñado para introducir fármacos abortivos en los estados provida a pesar de sus leyes.
Ese mecanismo interestatal está ahora en el centro de un gran litigio. Luisiana, Arkansas y Alabama han presentado una demanda directa ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos contra las llamadas «leyes escudo» de Nueva York, Massachusetts y California, unas normas pensadas para proteger a los abortistas que recetan y envían por correo fármacos abortivos a estados donde esa conducta es ilegal. Los estados demandantes sostienen que esas leyes obstaculizan su autoridad soberana para hacer cumplir sus propias leyes en defensa de la vida. El caso sitúa de lleno ante el Tribunal la distribución interestatal de fármacos abortivos y la validez de las leyes escudo.
El ACLJ presentará un escrito como amicus curiae en apoyo de los estados demandantes. A juicio de Summers, los estados que han decidido proteger a los niños no nacidos no deberían verse obligados a renunciar a esa protección porque activistas y abortistas de otros estados hayan montado un sistema de venta por correo para eludirla, ni debería permitirse que unos estados usen las llamadas leyes escudo como una espada contra la soberanía de sus vecinos.
Una vida humana desde la fecundación
El aborto acaba con la vida de un ser humano valioso. Desde la fecundación, ese ser humano posee un ADN único y se desarrolla en un proceso continuo que, si nada lo detiene, recorre todas las etapas de la vida humana. El aborto no cura ninguna enfermedad ni restaura un cuerpo dañado: pone fin de forma intencionada a una vida humana en supuesto beneficio de otra; destruye y rompe. Los productos y las publicaciones de SWAN no ocultan esa realidad: se burlan de ella, la comercializan y la convierten en dinero.
SWAN se presenta como una protectora compasiva de las mujeres. Su imagen pública, con escoltas de abortorio con chalecos rosas, paraguas arcoíris, despensas de productos menstruales y ayuda mutua, convive con llamamientos a «matar a los bebés», con ropa que presenta a los niños no nacidos como objetos de miedo o de indiferencia, con derivaciones a distribuidores de píldoras abortivas que actúan de un estado a otro y con una estética de Halloween que convierte la muerte en moda de temporada.
Así es el movimiento abortista posterior a Roe cuando deja de actuar para la gente bienpensante, concluye la abogada del ACLJ. Ya no se trata del lenguaje cuidadoso de la «elección» ni de la insistencia en que el aborto es una tragedia privada, sino de poder, ideología, desafío a las leyes provida y celebración abierta de la muerte de seres humanos no nacidos. Quienes reconocen la dignidad inherente de toda vida humana, nacida y no nacida, deberían ver la tienda de SWAN, sus publicaciones y sus derivaciones a distribuidores de píldoras abortivas como lo que son: una declaración clara de que hay vidas humanas desechables y de que acabar con ellas es algo que se puede promocionar, ridiculizar, comercializar y rentabilizar. Puede parecer una sátira. Por desgracia, no lo es.







