(La Nuova Bussola Quotidiana/InfoCatólica) Bastaron una pregunta, una respuesta de pocas palabras y una queja para poner fin a veintiocho años de docencia. Anita Meston, profesora cristiana de 63 años y convencida defensora de la vida, fue despedida por la Biddick Academy de Washington, en la zona de Sunderland, en el norte de Inglaterra, después de decirle a una alumna de 12 o 13 años que estaba en contra del aborto.
No había organizado ninguna campaña, no había hecho proselitismo ni había tratado de imponer su fe a nadie. Se limitó a decir: «Soy provida». El caso, que plantea serias dudas sobre la libertad religiosa en un país que se presenta como democracia liberal, supone una discriminación que contradice las propias normas británicas.
Lo que ocurrió en el aula
Los hechos se remontan a marzo de 2025. Meston llevaba seis meses trabajando a tiempo completo como profesora suplente, enseñaba sobre todo francés y era tutora de un grupo. Su contrato se había renovado apenas una semana antes.
Durante una clase de historia en la que sustituía al profesor titular, la conversación derivó hacia el conflicto entre Israel y los palestinos, y un alumno le preguntó si estaba a favor de Israel. Ella respondió que sí, y añadió el dolor que le causaban las víctimas inocentes de Gaza. Más tarde, otra alumna le preguntó si era «pro aborto». Meston contestó que era provida y explicó que esa convicción nacía de su fe cristiana y de haber conocido a mujeres que se habían arrepentido de abortar.
Cuando la alumna replicó que ella conocía a otras mujeres que no se habían arrepentido, la profesora respondió «está bien» y devolvió la clase al tema de la lección. Fue, por tanto, una respuesta personal seguida del reconocimiento de una opinión contraria. Así lo recoge la reconstrucción detallada que figura en el comunicado de Alliance Defending Freedom (ADF), que asiste legalmente a Meston desde entonces.
Despedida al día siguiente
Al día siguiente, la directora del centro convocó a la profesora tras recibir una queja de los alumnos y le reprochó haber expresado opiniones personales sobre cuestiones políticas. Se decidió poner fin de inmediato a su contrato. La directora habría manifestado el temor de que Meston pudiera seguir causando «daño o malestar» a los alumnos.
El North East Learning Trust, responsable de la academia, sostiene que se limitó a aplicar un código de conducta escolar destinado a proteger la seguridad y el bienestar de los menores. Cabe preguntarse si presentar la compleja realidad del conflicto desatado tras la matanza de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la guerra de Gaza, y afirmar que se cree en la inviolabilidad de la vida humana desde la concepción, puede considerarse un atentado contra el bienestar de los menores.
La demanda por despido discriminatorio presentada por Meston está ahora ante el Tribunal de Trabajo de Newcastle, que celebró una vista preliminar el 16 de octubre de 2026.
Lo que dicen la ley y el propio Gobierno británico
La Ley de Igualdad de 2010 prohíbe la discriminación por motivos de religión o de convicciones personales. La defensa de la vida naciente, cuando es expresión de una fe cristiana profundamente vivida, no puede tratarse como una opinión indigna de protección. Como ha señalado el abogado de ADF Jeremiah Igunnubole, si se despide a los docentes simplemente porque los alumnos o los compañeros discrepan de sus ideas, a los jóvenes se les enseña que censurar las opiniones incómodas es perfectamente aceptable.
De hecho, las directrices oficiales del Ministerio de Educación británico prohíben promover posturas políticas partidistas, pero precisan que no existe una prohibición absoluta de que los docentes expresen opiniones personales. Lo que piden es que no se presenten como hechos indiscutibles y que se reconozca la existencia de posturas contrarias. Es exactamente lo que hizo Meston, que acogió sin discutir la réplica de su alumna.
También la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos ha afirmado en varias ocasiones que los profesores pueden hablar de su fe cuando un alumno se lo pide, siempre que no intenten imponerla. En el caso de Meston, la pregunta salió de la clase, la respuesta fue breve y se respetó la discrepancia. ¿Cuál sería entonces el «daño» causado a los alumnos?
Una tolerancia solo para las ideas aprobadas
Decir «soy provida», sin insultar ni obligar a nadie, no justifica ningún despido. La escuela proclama inclusión, diversidad y tolerancia, pero esos principios parecen aplicarse solo a las convicciones aprobadas por la cultura dominante.
La fe cristiana y la certeza de que la vida humana debe ser respetada desde la concepción no son restos vergonzosos que haya que confinar en la clandestinidad. Despedir a una profesora por haber testimoniado con serenidad que toda vida vale desde la concepción no educa en la libertad: educa en la discriminación y en la censura, que son los cimientos de un país totalitario, no de una democracia.







