Queridos hermanos y hermanas, agradezco al senador Simone Pillon, a los ponentes y a los participantes en la Tavola di Assisi 2026.
El tema que se me ha asignado es la relación del Occidente cristiano entre el poshumanismo y el islam, a la luz de la lección de san Francisco, que invitó al sultán a convertirse a Cristo.
Un doble desafío
Hoy nos encontramos ante una crisis de identidad sin precedentes. El Occidente cristiano ya no está simplemente amenazado por fuerzas externas, sino que se halla desgastado por una apostasía interna. Asistimos al triunfo del poshumanismo, una ideología nihilista que, en el intento de emancipar al hombre de Dios, acaba por destruir al hombre mismo, reduciéndolo a materia manipulable, a un algoritmo entre algoritmos, privándolo de su dignidad de imagen y semejanza del Creador.
Por otro lado asistimos a la vigorosa expansión del islam, una religión que, al contrario que nuestro Occidente secularizado, no se avergüenza de Dios, no se avergüenza de la trascendencia, pero que propone una antropología y una revelación radicalmente distintas de las cristianas.
La lección de san Francisco
En este escenario, la pregunta que nos planteamos es crucial: la lección de san Francisco de Asís, que hace ochocientos años acudió al sultán Malik al-Kamil invitándolo a convertirse a Cristo, ¿sigue siendo válida?
La respuesta de la teología católica y de la recta razón es una sola: sí, no solo es válida, sino urgente e indispensable.
Hoy, por desgracia, cierta deriva sentimentalista y relativista ha pintado a san Francisco como un precursor del sincretismo moderno, un profeta del diálogo pacifista como fin en sí mismo, donde todas las religiones se equivalen y nadie posee la verdad. Esto es una falsificación histórica y teológica.
Francisco no fue a Egipto para abrir una tertulia diplomática, ni para confirmar al sultán en su fe. Francisco fue al sultán impulsado por el amor a las almas y por la certeza inquebrantable de que Jesucristo es el único salvador de todos los hombres. El verdadero amor al otro no consiste en dejarlo en el error, sino en anunciarle la verdad que libera. La invitación a la conversión no es un acto de hostilidad ni un resabio de intolerancia medieval: al contrario, es el más alto acto de caridad.
Cristo, alternativa al nihilismo
Si miramos al poshumanismo, Occidente ha perdido la fe porque ha perdido la razón. Pensamos que podemos redefinir la naturaleza humana, el matrimonio, la vida y la muerte. Frente a este vacío absoluto, el islam les parece a muchos una roca sólida, pero la respuesta al nihilismo occidental no puede ser someterse a una concepción de Dios que separa la fe de la razón, o que concibe la omnipotencia divina como puro arbitrio.
La lección de san Francisco al sultán nos recuerda que la alternativa al nihilismo no es el fundamentalismo, sino Cristo, el Logos encarnado. En Cristo la razón divina se hace carne y se muestra como amor hasta la cruz.
Diálogo e identidad
El diálogo interreligioso, si quiere ser auténtico y respetuoso de la dignidad humana, no puede fundarse en el camuflaje de la propia identidad. Los musulmanes no respetan un cristianismo débil, que se avergüenza de la cruz y que se reduce a una agencia de beneficencia o a guardianes del medio ambiente. Ellos respetan a quien cree. San Francisco mostró respeto al sultán precisamente porque le habló con la parresía del Espíritu Santo, ofreciendo la propia vida como testimonio.
Lo mismo podemos hacer nosotros, ofreciendo a las personas de fe musulmana que se acercan a nuestros países lo más precioso que tenemos, esto es, la conversión a la fe del único Dios verdadero, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Queridos amigos, Occidente se salvará del poshumanismo y no será asimilado por otras fes solo si recupera el coraje de la misión. No debemos tener miedo de proclamar la realeza social de Cristo. Debemos volver a decir, con la misma humildad y el mismo ardor del Pobrecillo de Asís, que fuera de Cristo no hay salvación.
La conversión que Francisco pedía al sultán es la misma conversión que hoy debemos pedirnos, antes que a nadie, a nosotros mismos, a una Europa que ha renegado de sus raíces y a todo hombre que busca la verdad.
Solo si Occidente vuelve a poner a Dios en el centro, el hombre volverá a ser verdaderamente humano. Muchas gracias a todos.
Traducción de InfoCatólica de la transcripción de la intervención.conferencia “Tavola di Assisi 2026”, organizada por el senador italiano Simone Pillon en colaboración con el diario La Verità.








