Asesinan a un pastor en Plateau delante de su mujer

24 ministros muertos en Bokkos en cinco años

Asesinan a un pastor en Plateau delante de su mujer

El pastor Emmanuel Hills volvía a Bokkos con su mujer después de una visita al hospital cuando hombres armados al grito de Alá es el más grande y lo asesinaron

(TruthNigeria/InfoCatólica) El pastor Emmanuel Hills y su esposa, Scholastica, salieron de su casa de Bokkos, en el estado nigeriano de Plateau, al amanecer del viernes 28 de agosto, para lo que debía ser un breve viaje médico a Jos, la capital del estado. Esperaban regresar esa misma tarde junto a sus cinco hijos.

Scholastica consiguió llegar a casa poco antes de la medianoche. Su marido no volvió a llegar.

El pastor Hills fue secuestrado junto a su colega, el pastor Gabriel Joseph Dipak, en la carretera de vuelta a Bokkos, y fue hallado muerto poco después cerca de la vía principal, con varias puñaladas en el abdomen. Los testigos han declarado que su vehículo fue interceptado por hombres armados que gritaban «Allahu Akbar».

La emboscada se preparó a unos 55 kilómetros al sur de Jos, en el centro norte de Nigeria. El asesinato ha renovado las peticiones de protección para los cristianos del país en un momento de creciente atención internacional sobre las violaciones de la libertad religiosa en la nación más poblada de África.

El secuestro se conoció aquella misma noche, a las 11:43, hora local, menos de dos horas después de haberse producido, y desde ese momento se trabajó con fuentes de las fuerzas de seguridad locales en la búsqueda de los dos rehenes. Al amanecer, el cuerpo de Hills había sido recuperado cerca del lugar de los hechos. Su colega, el pastor Dipak, fue liberado por sus captores ese mismo día, pocos minutos antes de la medianoche, después de que se pagara un rescate.

Un viaje rutinario que acabó en emboscada

El desplazamiento del 28 de agosto tenía motivos médicos. Hills, que llevaba varios días indispuesto, acudió al Hospital Universitario de Jos para someterse a un reconocimiento, acompañado de su mujer, y ambos pasaron allí la jornada haciendo pruebas.

El pastor Dipak, que sirve en la Christ Apostolic Church de Bokkos, también se encontraba en Jos: había ido a visitar a un conocido ingresado en ese mismo hospital, después de haber asistido a una reunión de responsables eclesiales. Los dos pastores no habían planeado viajar juntos, pero coincidieron en la estación de autobuses hacia las cinco de la tarde y subieron a la misma furgoneta comercial rumbo a Bokkos.

Scholastica cuenta que tenía un mal presentimiento sobre la idea de viajar al anochecer. «Le dije a mi marido que abortara el viaje hasta el día siguiente, pero él no era hombre que cediera al miedo», relata. «Incluso en la comunidad todo el mundo lo conocía como un hombre valiente. Donde otros hombres de Dios tendrían miedo de entrar y hablar, él entraba».

Su versículo bíblico preferido, añade la viuda, era el de la carta de san Pablo a los Filipenses: para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia.

Menos de una hora después de haber iniciado el trayecto, aquellos temores suyos se cumplieron.

«Vimos linternas en la carretera solitaria, y supe que no eran soldados», recuerda. «Antes de que nos diéramos cuenta de lo que estaba pasando, vimos a un grupo de hombres armados que inundaron la carretera apuntándonos con armas y machetes, obligando al conductor a detenerse».

«Nos ordenaron a todos salir del vehículo y tumbarnos boca abajo, mientras se acercaban a nosotros alumbrándonos con sus linternas y apoderándose de nuestros teléfonos y otras pertenencias», prosigue la viuda.

Los atacantes dejaron marchar entonces al resto de los pasajeros, con la única excepción de los dos pastores. «Nos seleccionaron a los dos, a mí y al pastor Hills, nos llevaron a un lado y después dijeron a los demás que se fueran», ha relatado el pastor Dipak.

«Mientras caminábamos hacia las colinas de alrededor, el pastor Hills intentó escapar y, justo delante de mí, lo atraparon y lo degollaron», añade Dipak. El superviviente precisa que aquellos hombres hablaban fulani y que lo amenazaron con matarlo si no obedecía.

«Caminamos durante varias horas y llegamos a su campamento en las colinas, donde me ataron las manos y me dijeron que estaban vigilando mis movimientos desde Jos y que habían recibido órdenes de matarme», relata el pastor secuestrado.

La noticia del secuestro se propagó con rapidez mientras se coordinaban con la policía los esfuerzos por rescatar a los rehenes y Scholastica rezaba en su casa por el regreso de ambos sanos y salvos. Al amanecer del día siguiente apareció el cuerpo de Hills cerca del lugar de la emboscada.

«Fue la peor noticia de mi vida y, hasta este momento, todavía no lo he asimilado», dice Scholastica. «Era mi mejor amigo, mi padre, mi hermano y el que me daba paz».

Mientras los vecinos y allegados se reunían en su casa para llorar la muerte del pastor, otro grupo se congregaba a unos seiscientos metros de allí, en la casa del pastor Dipak, para celebrar su liberación después de que su iglesia y su familia pagaran el rescate exigido por los secuestradores.

Un patrón de violencia selectiva

Hills y Dipak son las últimas víctimas de una oleada de violencia selectiva atribuida a islamistas radicales que ha dejado 28.551 cristianos asesinados y 34.773 secuestrados en el conjunto de Nigeria desde 2019, según los datos que maneja el Observatorio para la Libertad Religiosa en África.

Solo en el estado de Plateau, las autoridades calculan que más de 11.749 personas han muerto en episodios de violencia relacionada con este mismo fenómeno desde el año 2001.

El área de gobierno local de Bokkos, a la que suele describirse como la capital nigeriana de la patata y en la que vivían y ejercían su ministerio los dos pastores, sigue siendo uno de los epicentros de esa violencia. El obispo Ayuba Matawal, antiguo presidente de la Asociación Cristiana de Nigeria en Bokkos y hoy supervisor de los campos de desplazados de la zona, sostiene que los grupos islamistas radicales procedentes de la tribu fulani son responsables de buena parte de los ataques.

Mientras los líderes tribales cifran en más de quinientos los cristianos asesinados en Bokkos desde 2013, Matawal precisa que ese balance incluye al menos veinticuatro ministros muertos solo en los últimos cinco años, y otros treinta y cinco secuestrados, torturados y liberados después del pago de un rescate.

Los ministros y los templos son a menudo el objetivo principal, explica, «por su influencia y su papel como símbolo de la fe cristiana». «Además de los asesinatos y los secuestros, hay también una destrucción generalizada de iglesias y casas parroquiales, que suelen ser su primer objetivo cuando vienen a atacar una comunidad», ha señalado.

Hills, antiguo pastor de la Dunamis Church y fundador hace ocho años del Wonderful Grace of God Evangelical Ministry en Bokkos, era plenamente consciente de los riesgos que corría.

Pese a haber perdido a sus padres siendo muy joven y a tener una sola hermana, eligió permanecer en Bokkos, la comunidad que había conocido durante casi toda su vida, y mantuvo solo un contacto ocasional con su ciudad natal de Enugu, en el sureste de Nigeria.

Además de su tarea pastoral, ejercía como tesorero de la Pentecostal Fellowship of Nigeria en Bokkos y se había hecho conocido por su defensa de los cristianos y de otros grupos marginados de la zona.

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