(The Pillar/InfoCatólica) En medio de una marea creciente de debate sobre el uso de la inteligencia artificial generativa dentro de la Iglesia, un obispo de Nueva Jersey ha revocado la semana pasada lo que se consideraba el primer respaldo firmado por un prelado a un libro compuesto casi enteramente por una máquina.
El terapeuta clínico de Nueva Jersey que reconoce haber colaborado con la inteligencia artificial para producir la obra sostiene, por su parte, que su texto no debería ser considerado bazofia generada por una máquina, y alega para ello que lo desarrolló mediante un proceso, según sus propias palabras, sumamente interactivo.
El libro llamó la atención de los católicos después de que una nota de prensa de la editorial pregonara inicialmente un respaldo del obispo David OConnell a la obra, titulada «Chatting with the Bible». La propia editorial reconoció después, cuando fue preguntada por ello, que aquel comunicado era erróneo y que se había debido a un fallo de comunicación.
Las preguntas que rodean a esta obra llegan mientras la Iglesia sigue debatiendo el lugar que corresponde a la inteligencia artificial en la vida eclesial, y mientras León XIV reclama una reflexión permanente sobre las implicaciones espirituales y éticas de una sociedad que hace un uso cada vez mayor de esta tecnología.
El volumen está publicado por Andy Fairchild Publishing, un servicio editorial que se presenta principalmente ante autores cristianos. La propia cubierta del libro, diseñada asimismo con inteligencia artificial, advierte de que la obra fue «escrita en colaboración con ChatGPT».
El texto consiste en recreaciones dramatizadas de setenta relatos bíblicos, cada una de ellas seguida de una breve reflexión de un solo párrafo al final. Un representante de la editorial ha explicado que esas recreaciones dramatizadas, que constituyen prácticamente la totalidad del texto del libro, fueron generadas mediante instrucciones dadas a ChatGPT por el terapeuta clínico de Nueva Jersey Joseph Springer, que fue anteriormente profesor universitario de psicología y director de un programa de posgrado en consejería clínica.
Tras cada una de esas recreaciones bíblicas dramatizadas figura un párrafo de reflexión, habitualmente de dos o tres frases, y cada uno de esos párrafos sí está escrito directamente por Springer. Así se cierra cada capítulo de «Chatting with the Bible».
«Yo era como un director de orquesta»
Sobre el método que siguió para generar el libro, Springer ofreció explicaciones detalladas en los materiales promocionales de la obra.
«En términos generales, le indiqué a ChatGPT que escribiera relatos conmovedores y reflexivos de unas 400 palabras», señaló allí. «Le pedí que estableciera conexiones, por ejemplo, entre relatos del Antiguo y del Nuevo Testamento, y le di referencias bíblicas para que las usara».
La imagen que el propio autor eligió para describir su papel es la de un músico. «Yo era como un director de orquesta que en todo momento era capaz de guiar y mover a los intérpretes para que tocaran de una determinada manera», añadió. «En todo momento le indiqué a ChatGPT qué tono usar y qué conexiones establecer».
El autor sostiene que el texto fue tomando forma a partir de su experimentación con la herramienta y de su deseo de ayudar a que la gente descubriera perspectivas nuevas sobre la Biblia, unas perspectivas que, en su opinión, podían encontrarse a través de las narraciones de ChatGPT elaboradas bajo su dirección.
El propio Springer dejó constancia de la polémica en las primeras páginas de la obra. «Reconozco que usar inteligencia artificial para escribir relatos es controvertido», escribió en la introducción de su libro. «Entiendo las dos posturas sobre este asunto. Diría que, en este proyecto, la colaboración entre ChatGPT y yo ha producido un producto final que mejora lo que yo habría podido hacer por mi cuenta, aunque sigo viéndome a mí mismo claramente reflejado en el resultado final. Les sugiero que le den una oportunidad al libro y decidan por sí mismos si lo que aquí se produce merece la pena».
Preguntado por las razones de fondo, Springer explicó que no escribió los relatos él mismo porque escribe en un estilo «pedante y académico» que no habría atrapado la atención de los lectores.
Y añadió una segunda razón, esta vez de rendimiento: «Lo que hizo Chat fue algo que a mí me habría costado mucho hacer. Me llevó un año escribir el libro, o al menos armarlo. A mi ritmo me habría llevado cinco o diez años hacerlo. Así que decidí colaborar con Chat y aprovechar los puntos fuertes de cada uno».
El reparto de papeles, tal como él lo describe, quedó así: «Chat podía hacer algunas cosas que a mí quizá me habrían costado mucho. Y yo desde luego podía hacer cosas que Chat no podía hacer, en cuanto a enmarcar el asunto, indicarle las conexiones que debía establecer y añadir después mis propias reflexiones basadas en mi experiencia. Por eso me pareció que era muy colaborativo».
Springer se ha convertido en un usuario asiduo de ChatGPT, al que recurre tanto para la creación del libro como para elaborar planes de tratamiento en su trabajo de salud mental. Aun así, admitió que la máquina «no puede ser la última palabra, y ese es el peligro, que podemos externalizar nuestro pensamiento e incluso nuestro juicio en Chat o en la inteligencia artificial. Porque es fácil hacerlo».
Durante la conversación, el terapeuta se refirió en varias ocasiones a sí mismo y a ChatGPT empleando la primera persona del plural, y se corrigió cada una de esas veces.
Dijo también apreciar las advertencias de León XIV contra la costumbre de imponer un barniz de personalidad a los grandes modelos de lenguaje, y reconoció haber advertido en sí mismo, en varias ocasiones, esa misma inclinación.
Con todo, Springer sostiene que, aunque percibe cierto peligro en atribuir rasgos humanos a la inteligencia artificial, cree igualmente que Dios puede obrar en la colaboración entre la máquina y el hombre. Él mismo se describe como un instrumento dentro de ese proceso colaborativo. «Y realmente lo veo, para mí, como una herramienta de evangelización, poner esto ahí fuera de una manera que usa a Chat como algo que puede potenciar lo que yo hago», añadió. «Realmente he recibido comentarios de bastantes personas que dicen que este libro les ha llegado de verdad».
Aunque Springer es católico, el libro no se comercializa exclusivamente para un público católico, y su prólogo lo firma un ministro metodista conocido suyo.
Un respaldo que la diócesis desmiente
La obra llamó especialmente la atención de los católicos de la diócesis de Trenton cuando una nota de prensa distribuida recientemente afirmó que el libro había recibido un «respaldo de la Iglesia católica» por parte del obispo David OConnell. Algunos fieles de la diócesis plantearon preguntas sobre ese aparente aval, y señalaron en particular que OConnell parecía ser el primer obispo católico que respaldaba un texto creado principalmente por una inteligencia artificial.
El texto del supuesto respaldo del obispo, tal como fue difundido, decía así: «Disfruté enormemente leyendo las reflexiones meditadas del doctor Joseph Springer sobre las Escrituras contenidas en su libro “Chatting With the Bible”».
Y continuaba: «Sus pensamientos estaban claramente inspirados por muchos años de leer y escuchar la Palabra de Dios mientras trataba con los clientes que se sirvieron de su competencia y de su servicio como psicólogo. Fácilmente accesibles a personas en distintas etapas de su propio camino espiritual, las meditaciones del doctor Springer tocan tanto la mente como el corazón de quienes buscan profundizar en su conciencia de la presencia y la acción de Dios en sus propias vidas, especialmente mediante la lectura de su Palabra. Ha creado un compañero para la fe destinado a la experiencia vivida de quienes acuden a él en busca de guía y de aliento».
Mientras la nota de prensa presentaba el apoyo de OConnell como un respaldo de la Iglesia católica, un representante de la diócesis de Trenton negó que esa presentación fuera exacta.
El portavoz diocesano explicó que el obispo no había concedido al texto el imprimátur ni el nihil obstat, es decir, la aprobación oficial de una obra para su publicación y su uso en un contexto católico. Añadió que el prelado no considera el libro «una obra importante de relevancia teológica o catequética», sino «una posible fuente de reflexión para quienes están en un camino espiritual».
Según ese mismo portavoz, OConnell era consciente de que en la elaboración del texto se había recurrido en alguna medida a la inteligencia artificial, aunque no está claro hasta qué punto lo era, y el autor le había «asegurado que había desarrollado su trabajo en el libro de una manera coherente con las orientaciones ofrecidas por el Papa León en su reciente encíclica».
Ante las preguntas suscitadas por el asunto, la editorial del autor se desdijo de su nota de prensa y admitió que había sido consecuencia de un fallo de comunicación. «Esto es para ofrecer una aclaración a esa afirmación: no es nuestra intención dar a entender que el obispo OConnell o la Iglesia católica hayan respaldado específicamente el libro, y la afirmación se debió a un fallo de comunicación. Pedimos sinceras disculpas por cualquier malentendido que esto haya podido causar», señaló Andy Fairchild Publishing en un comunicado del 28 de agosto.
Las advertencias de León XIV
Por su parte, León XIV ha insistido en que los textos generados con ayuda de la inteligencia artificial deben declarar expresamente ese hecho, como en efecto hizo Springer. Pero en su encíclica «Magnifica humanitas» el Papa advirtió también de que las herramientas de inteligencia artificial «carecen de la perspectiva afectiva, relacional y espiritual mediante la cual los seres humanos crecen en sabiduría».
Este mismo año, el Santo Padre lamentó además, con palabras de una dureza poco frecuente, que «los sistemas de inteligencia artificial han asumido cada vez más el control de la producción de textos, música y vídeos. Esto pone a gran parte de la industria creativa humana en riesgo de ser desmantelada y sustituida por la etiqueta “Powered by AI”, convirtiendo a las personas en consumidoras pasivas de pensamientos no pensados y de productos anónimos, sin propiedad ni amor. Mientras tanto, las obras maestras del genio humano en los campos de la música, el arte y la literatura quedan reducidas a meros campos de entrenamiento para máquinas».
Springer afirmó estar de acuerdo con esa declaración del Pontífice y sostuvo que su libro había sido creado en línea con esas mismas directrices.
«En cuanto a cómo enfoco esto, puse mucho empeño en mantener la capacidad de decisión humana, la mía, por encima de todo, y todo pasa por mí», explicó. «Porque vi el riesgo de que yo pudiera simplemente decirle a Chat: escribe un relato sobre tal cosa, y luego aceptarlo sin más y ponerlo en el libro sin leerlo con atención».
El autor sostiene que eso distingue su trabajo de lo que él mismo llamó bazofia generada por inteligencia artificial. «Tal como yo lo entiendo, la bazofia es esto: hace años había un anuncio de una especie de asador rotatorio en el que el hombre metía el pollo y decía: “ponlo y olvídate”. La bazofia de inteligencia artificial, tal como yo la entiendo, es simplemente decirle a la máquina que escriba algo y luego darlo por bueno sin más. Eso me parece bazofia».
«Creo que en mi caso fue distinto porque revisé cada relato meticulosamente, no sé cuántas veces. Y no soy teólogo, pero intenté ser todo lo respetuoso que pude con la tradición cristiana, tratando de percibir dónde están los límites. Y en otros puntos edité zonas concretas donde pensaba: quizá esto se pasa un poco de la raya, o esto podría decirse mejor. Así que fue muy interactivo. Y mi idea de la bazofia es justo esa de ponerlo y olvidarse».
A la luz de la encíclica «Magnifica humanitas» y del interés del Pontífice por evaluar los usos éticos de la inteligencia artificial tanto dentro de la Iglesia como en el conjunto de la sociedad, el apoyo inicial de OConnell suscitó preguntas en la diócesis de Trenton a medida que la nota de prensa sobre «Chatting with the Bible» circulaba entre los católicos de la zona.
Un portavoz de la diócesis de Trenton ha explicado finalmente que, «para evitar cualquier confusión», el obispo «ha pedido que sus comentarios» sobre el texto «sean retirados de la publicación».








