El portal de los obispos alemanes se pregunta si Jesús tenía «inclinación al alcohol» y un «trastorno de los impulsos»

¿Deriva teológica o apostasía?

El portal de los obispos alemanes se pregunta si Jesús tenía «inclinación al alcohol» y un «trastorno de los impulsos»

Katholisch.de, el medio informativo de la Iglesia católica en Alemania, ha resumido y difundido las tesis de dos teólogos laicos que han rastreado la Sagrada Escritura en busca de anomalías psiquiátricas. Moisés aparece deprimido, Job obsesivo compulsivo y Cristo con una inclinación al alcohol y un arrebato incontrolado en el Templo.

(katholisch.de/InfoCatólica) El portal informativo de la Iglesia católica en Alemania publicó el pasado 2 de septiembre un artículo titulado «Expertos: muchas figuras bíblicas muestran anomalías psíquicas», y lo encabezó con este antetítulo en mayúsculas: «¿Jesús con inclinación al alcohol y trastorno de los impulsos?». Bajo esa presentación, katholisch.de resume y difunde las tesis de los investigadores y teólogos Simone y Claudia Paganini, que han examinado a los personajes de la Biblia en busca de trastornos y anomalías psíquicas y que, según la propia entradilla del portal, han encontrado unas cuantas, también en lo que se refiere a Jesucristo.

Según el matrimonio Paganini, numerosas figuras bíblicas presentan anomalías psíquicas que van desde la depresión hasta las tendencias narcisistas. «Empezando por el Génesis, con Adán y Eva, hasta el vidente del Apocalipsis, en cada libro hay figuras en las que se encuentran indicios de un cuadro de trastorno psíquico», explican ambos en una entrevista concedida al semanario «Christ und Welt». Ellos mismos matizan a continuación: «Naturalmente, no encontramos informes de anamnesis en la Biblia».

En los relatos bíblicos faltan, admiten los autores de un libro dedicado a este asunto, muchos de los detalles que un psiquiatra necesitaría para emitir un diagnóstico. Aun así, sostienen que los síntomas pueden identificarse.

Moisés deprimido, Job obsesivo compulsivo

Moisés, por ejemplo, mostraría después de la liberación del pueblo de Israel signos de depresión. «Tiene mucho éxito y, sin embargo, no puede alegrarse. Carga solo con el peso de la responsabilidad, está agotado y sin impulso, e incluso desea la muerte», afirma Simone Paganini.

Job presentaría síntomas de trastorno obsesivo compulsivo. Se preocuparía en exceso por sus hijos y ofrecería sacrificios preventivos por temor a que pudieran cometer pecados. Cuando pierde a sus hijos y sus bienes, cae, según los autores, «en una profunda depresión y se retrae». En todo el libro de Job el lamento «en realidad no cesa nunca», afirma Claudia Paganini, y eso tendría algo de patológico.

El Templo, reducido a un arrebato

El apartado dedicado a Nuestro Señor lleva en el propio portal alemán el ladillo «¿Jesús con trastorno de los impulsos?». Allí se afirma que la Biblia describe a Jesús con una inclinación al alcohol y que su reacción ante los tratantes de ganado en el Templo permitiría concluir que padecía un trastorno de los impulsos.

«Jesús es el que dice: si alguien te golpea, pon también la otra mejilla. Y luego llega al Templo, se disgusta por los tratantes de ganado que hay allí y, ¡paf!, se desata», declara Simone Paganini.

Al mismo tiempo, sostienen los dos investigadores, el propio Jesús habría curado enfermedades psíquicas, porque «muchas enfermedades psíquicas se atribuían en aquel tiempo al diablo», dice Simone Paganini. Cuando Jesús expulsa siete demonios de María Magdalena, se trataría presumiblemente de enfermedades mentales.

Los autores subrayan también que «en la Biblia no se estigmatiza a las personas», y que muchas de ellas son incluso importantes para la historia de la salvación. Hoy predominaría en cambio la opinión de que «primero hay que estar psíquicamente sano para poder llevar una buena vida», cuando los problemas psíquicos no significan que una persona no pueda dar fruto. «La Biblia ya estaba en eso más adelantada que nosotros», concluye Claudia Paganini.

Ninguna conferencia episcopal votó esto, pero su aparato lo publicó

El portal katholisch.de se presenta como el medio de la Iglesia católica en Alemania y cuenta a la Conferencia Episcopal Alemana entre sus socios. Ninguna conferencia episcopal ha votado estas afirmaciones, hace notar el escritor católico Chris Jackson, pero eso ofrece poco consuelo a los obispos: su aparato mediático seleccionó la entrevista, la empaquetó, llevó los presuntos trastornos de Cristo al titular y publicó el resultado bajo una cabecera católica.

Los propios Paganini admiten que la Biblia no contiene historias clínicas y que carece de los detalles que un psiquiatra necesitaría. Esa admisión, observa Jackson, debería haber puesto fin al ejercicio. Un diagnóstico exige duración, contexto, deterioro, explicaciones alternativas y pruebas directas sobre el paciente. Aquí el paciente puede ser un retrato literario, una figura profética o, en el caso supremo, el eterno Hijo de Dios hecho hombre.

El pasaje evangélico que casi con toda seguridad alimenta la supuesta inclinación al alcohol es la acusación de que el Hijo del hombre era un comilón y un bebedor de vino. El contexto desmonta el diagnóstico: Cristo está refiriendo las calumnias contradictorias de sus enemigos. San Juan Bautista ayunaba y por eso lo llamaban endemoniado; Cristo comía y bebía y por eso lo llamaban borracho. Rechazaban a la vez el ascetismo y la fiesta porque ya habían rechazado la llamada de Dios. Extraer el insulto de los adversarios de la réplica del Señor y presentarlo como prueba clínica es, sencillamente, falsear el texto sagrado.

Nuestro Señor bebió vino: lo hizo en Caná y lo consagró en la Última Cena. La templanza cristiana gobierna según la razón una criatura buena y nunca convierte la abstinencia en medida de la santidad. Santo Tomás explica que el apetito humano de Cristo buscaba naturalmente alimento, bebida y sueño, siempre «según el modo y el orden de la razón», y la profesión de fe de Calcedonia lo confiesa semejante a nosotros en todo menos en el pecado. Una atracción desordenada por el alcohol contradiría la cristología misma que un órgano informativo católico tiene el deber de enseñar.

La afirmación sobre el trastorno de los impulsos es todavía más burda. Contraponer el poner la otra mejilla a la purificación del Templo y reducir la escena a un cómico estallido confunde la mansedumbre con la parálisis moral. Cristo prohíbe la venganza personal, pero jamás manda la indiferencia ante el sacrilegio ni ante la profanación de la casa de su Padre. San Juan describe un acto deliberado: el Señor observa el comercio, se hace un azote de cuerdas, echa fuera a los animales, vuelca las monedas, derriba las mesas y pronuncia un juicio. Los discípulos interpretan el episodio a la luz del salmo, porque el celo de la casa de Dios lo devora. Los sinópticos aportan la acusación: habían convertido una casa de oración en una cueva de ladrones.

Santo Tomás trata exactamente esta cuestión: la ira puede desbordar la razón y hacerse pecaminosa, pero también puede seguir a la razón como instrumento de justicia. La ira de Cristo fue de esta segunda clase, celosa, laudable y enteramente gobernada por el recto juicio. El médico aficionado borra la distinción y declara cuerdos a los mercaderes mientras diagnostica una desregulación al Señor del Templo.

Queda el caso de María Magdalena. Que los siete demonios expulsados fueran «presumiblemente» enfermedades mentales encierra en ese adverbio todo un programa de incredulidad. Los evangelistas distinguen una y otra vez la enfermedad de la posesión: los demonios reconocen a Cristo, hablan, resisten, suplican y obedecen a sus mandatos. Un católico puede estudiar cómo la enfermedad y la aflicción espiritual llegaron a confundirse en casos particulares; lo que no puede es reducir los espíritus malignos personales del Evangelio a los errores de una época médicamente atrasada y seguir llamando teología a esa operación.

La desmitologización se presenta siempre como sofisticación, concluye Jackson. Su resultado efectivo es más simple: el autor sagrado queda como un confuso, los Padres como unos crédulos y Cristo como un intérprete poco fiable de sus propios milagros.

1 comentario

Mario
Oramos por su arrepentimiento y penitencia.
Queda duda alguna de que en Alemania, la Iglesia no solo ya no es Catolica, sino que ya tampoco es cristiana?
Prueba: porque no se dedican a blasmefar con postulados semejantes acerca del islam o Mahoma?

Pueden llevar sotanas (algunos), anillos episcopales y pectorales y demas, pero con sus palabras y hechos demuestran que ya no creen, son apostatas escondidos.

Y justo por eso, deberan dar cuenta de semejante pecado si no se arrepienten.

6/09/26 5:28 AM

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