(LifeSiteNews/InfoCatólica) La Maine State Breastfeeding Coalition, organización estadounidense dedicada a la promoción de la lactancia materna, ha difundido con motivo del Mes Nacional de la Lactancia una imagen y un mensaje en el que declara: «El Mes Nacional de la Lactancia es para todas las familias. Estamos orgullosos de celebrar y ensalzar la lactancia trans, el chestfeeding y las familias Two-Spirit». La publicación ha alcanzado amplia difusión en las redes sociales durante los últimos días.
Conviene explicar en qué consiste exactamente aquello que se celebra. La llamada «lactancia trans» es el procedimiento por el que se induce producción de leche en varones que se identifican como mujeres, combinando tratamiento hormonal con estimulación mecánica prolongada. El término chestfeeding —literalmente, «alimentar desde el pecho»— es el eufemismo acuñado para evitar cualquier referencia lingüística a la maternidad.
El procedimiento, documentado en una revista médica
Un caso publicado en 2018 en la revista «Transgender Health» documenta el procedimiento con detalle. Una persona de treinta años, varón que se identificaba como mujer, logró mediante «domperidona, estradiol, progesterona y extracción con sacaleches» una producción de leche «suficiente para ser la única fuente de alimento para su hijo durante seis semanas». El niño era adoptado.
El apartado de preguntas frecuentes de la coalición aborda igualmente la lactancia tras las cirugías de reasignación y bajo tratamiento hormonal continuado. Allí se afirma que «actualmente se considera seguro amamantar mientras se toma testosterona», y se anima a intentar la inducción con un argumento de estímulo: «inducir la lactancia puede llevar mucho tiempo y mucha energía, pero merece la pena».
La maternidad no es un papel intercambiable
Aquí no hay una disputa sobre etiquetas ni un debate sobre sensibilidades heridas. Hay un cuerpo humano al que se administran fármacos para forzarlo a hacer aquello para lo que no está hecho, y hay un niño —adoptado, es decir, un niño que ya ha perdido una vez a su madre— al que se le entrega ese producto en lugar de la leche de una mujer.
La maternidad no es un papel intercambiable que pueda representar cualquiera con la medicación adecuada. Es una realidad corporal, dada, recibida, que la Iglesia reconoce precisamente porque la reconoce la naturaleza misma. Amamantar no es una función administrativa que pueda desempeñar el adulto que se ofrezca voluntario: es el remate biológico de un proceso que empieza en la concepción y que ningún tratamiento hormonal reproduce, sino que a lo sumo imita de forma incompleta y forzada.
Y hay un detalle que ninguna de las organizaciones implicadas ha querido abordar. Se presenta todo el procedimiento bajo la palabra «seguro» sin aportar estudios serios sobre qué dejan la domperidona y el estradiol en la leche que termina bebiendo un lactante. Esa ausencia de cautela no es un descuido: revela con claridad dónde está puesta la prioridad. No en la salud del niño, sino en la validación emocional del adulto.
Al final del proceso queda siempre el mismo cuadro. El pequeño es el sujeto del experimento, el único que asume los riesgos y el único, también, que no ha podido opinar.







