(InfoCatólica) El método del sínodo de la sinodalidad, que atribuye con considerable facilidad sus resultados a la acción del mismo Espíritu Santo, necesita probablemente y con urgencia una crítica teológica seria, que lo reduzca a sus auténticas dimensiones. A fin de cuentas, cuasidivinizar las reuniones por el hecho de ser reuniones quizá sería muy característico de los tiempos posmodernos, pero también ajeno a dos milenios de doctrina católica.
Esa crítica tan necesaria, sin embargo, parece hacerse dado mayoritariamente, aunque no únicamente, desde el punto de vista progresista (y alemán, valga la redundancia). Así, un artículo publicado en la revista teológica Feinschwarz del teólogo germano Michael Böhnke ha criticado el método sinodal por su excesivo énfasis en «reglas fijas» y «directrices».
En su artículo, titulado «La Conversación en el Espíritu Santo. Una crítica teológica», Böhnke recuerda las directrices que se dieron en el Instrumentum Laboris del Sínodo de la Sinodalidad en 2023. En ellas se describe lo que es la «conversación en el Espíritu Santo», que constituye la base del método sinodal: «tras una fase de oración, escuchando al Espíritu y preparándose personalmente, cada uno de nosotros informa a los demás sobre su experiencia de oración». Después, «las personas intercambian opiniones sobre las afirmaciones de los demás». Finalmente, se pasa a «la búsqueda de similitudes, convergencias y discrepancias, intuiciones, obstáculos, voces proféticas y nuevas preguntas», que supuestamente llevaría a que todos se encontraran en el resultado final.
Este método caótico, que a primera vista se diría hecho a medida para sembrar la confusión y crear una especie de revolución continua en la Iglesia, resulta para Böhnke, sin embargo, demasiado rígido. El teólogo alemán considera que el mero hecho de que haya un método fijo «vinculante para la Iglesia en todos los niveles» es una «institucionalización» y una «cosificación normativa».
Böhnke protesta que «el Espíritu Santo no solo protege la conversación sinodal dentro del marco de las directrices». Esta afirmación resultaría llamativa para cualquier teólogo clásico, que probablemente habría señalado que el Espíritu Santo no protege las conversaciones sinodales, ni dentro ni fuera de las directrices.
La principal crítica del teólogo estriba en que la elección del método de la conversación en el Espíritu es una «deslegitimación de otros formatos», a saber, del formato del proceso sinodal alemán. Este último, lejos de ser un proceso difuso y sin objetivos claros como el sínodo de la sinodalidad, está abiertamente dirigido a introducir en la Iglesia una serie de medidas de reforma de la doctrina y la moral de la Iglesia: fin del celibato sacerdotal, aceptación y legitimación de las parejas del mismo sexo, ideología de género, sacerdocio de la mujer, desclericalización, democratización de la Iglesia, etc.
En ese sentido, Böhnke se esfuerza por atribuir también al Espíritu Santo el proceso sinodal alemán. Para él, «la conversación en el Espíritu Santo solo puede justificarse teológicamente como una posible concreción del Espíritu Santo». A su lado e incluso con conclusiones opuestas a ella, consta que hay «numerosas otras concreciones del Espíritu Santo dentro y fuera de la Iglesia Católica».
El teólogo considera que el método del sínodo de la sinodalidad puede entenderse como «un intento dogmático de evitar el conflicto y una proclamación institucionalmente unilateral de armonía» (recordemos que «dogmático» es una palabra fea para el progresismo germánico). Böhnke nos explica que los problemas reales quedan así «asfixiados por la disciplina metódica del diálogo sinodal decretado bajo la protección del Espíritu Santo».
En cierto modo, tiene sentido que grupos diversos, como el camino sinodal alemán, quieran apuntarse también a la moda que inauguró el Papa Francisco al hablar de las «sorpresas del Espíritu Santo», que, casualmente, parecían coincidir siempre con sus propios planes para la Iglesia y que se integraron como categoría esencial en el método sinodal. A fin de cuentas, se trata de una categoría muy práctica, ya que no requiere fundamentación alguna de tipo racional, tradicional o teológico y permite acallar cualquier crítica de los contrarios apelando directamente al Espíritu Santo.







