(ACIDigital/InfoCatólica) Hay veces que oir predicar las cosas tan de siempre sin complejos es noticia. Mons. Adair José Guimarães, obispo de Formosa (Goiás, Brasil), exhortó a los jóvenes a celebrar el matrimonio ante el altar y lamentó la creciente tendencia a casarse en clubes, playas o lagos, durante la misa del décimo día de la romería de Nuestra Señora de la Abadía de Muquém, el pasado 14 de agosto, memoria de san Maximiliano María Kolbe.
«Cuando veo a esos jóvenes, sobre todo de clase alta, pedir casarse en un club, casarse a la orilla de la playa, del lago, esas cosas, se me entristece el corazón. No saben lo que es el matrimonio. Nadie puede casarse fuera del altar», afirmó el obispo ante los peregrinos.
Eucaristía y matrimonio, un vínculo inseparable
Mons. Guimarães dedicó su homilía a los estados de vida en la Iglesia, con especial atención al matrimonio, tema del Evangelio proclamado en la celebración. El obispo subrayó el vínculo entre la Eucaristía y la vida conyugal: «Un matrimonio que va a misa todos los domingos, que reza, que reza el rosario, nunca se separa. Un matrimonio que adora a Jesús en la Eucaristía, que ama a Nuestra Señora, nunca se separa, venga lo que venga».
Citando a san Juan Pablo II, recordó que «el matrimonio católico es cruz», y por eso «no es fácil estar casado», del mismo modo que «no es fácil ser sacerdote, ni diácono permanente, ni obispo». «Todo en la Iglesia es difícil, porque es la cruz la que orienta nuestra vida», añadió.
El obispo interpeló directamente a los peregrinos casados: «¿Veláis suficientemente por vuestro matrimonio? Vosotros, que estáis separados por causa de tantas cosas, adulterio, falta de santidad, falta de misa, falta de fe, ¿acaso no es hora de arrepentirse de esos pecados?».
El testimonio de un esposo fiel
Mons. Guimarães compartió el testimonio de un matrimonio que conoció durante un congreso de la Pastoral Familiar en Niquelândia (Goiás). La esposa, tetrapléjica desde hacía 18 años a causa de un accidente, le dijo al obispo que había ofrecido a su marido la posibilidad de buscar a otras mujeres, ya que ella no podía atenderle. «Él lloró delante de ella y dijo: "Yo te prometí, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, serte fiel"», relató el obispo. El marido le confesó que vivía «su celibato, su castidad».
«Ese es el estado de vida matrimonial: el matrimonio es indisoluble y único, y se realiza ante el altar», concluyó, subrayando que «no se ordena a un sacerdote fuera del altar ni se casa a nadie fuera del altar», porque «los estados de vida están ligados al altar, a la Eucaristía».
Un llamamiento al silencio en la romería
El obispo criticó los bailes, las borracheras y otras actividades que se celebran durante la romería, que cumple 300 años de historia. «Es inconcebible estos bailes, estos alborotos de barracas de baile, de prostitución, de borrachera. Eso no es de Dios», afirmó Mons. Guimarães, que confesó haber pasado horas despierto por la noche escuchando la música y el ruido.
El obispo dijo soñar con un «Muquém silencioso, como la romería de Fátima, de Lourdes, de Loreto» o «las romerías de san Padre Pío en Pietrelcina», donde «se escucha el silencio».
Confesión y conversión, corazón de la peregrinación
Mons. Guimarães presentó la conversión como elemento esencial de toda peregrinación: el romero «llega, visita a Nuestra Señora y procura mejorar su vida» buscando el sacramento de la reconciliación. «Una romería que no tiene confesión no es romería», sentenció, y añadió que «un romero que viene a la romería lleno de pecado y vuelve a casa sin confesarse no ha hecho su camino».
El obispo señaló que «muchos católicos dejaron la Iglesia católica para hacerse evangélicos por culpa de la confesión» y vinculó la crisis moral del país con la falta de práctica sacramental: «¿Creéis que los corruptos de Brasilia, esa corrupción que ha entrado en Brasil de forma avasalladora, ese gobierno corrupto, tribunal supremo corrupto, parlamento corrupto, creéis que esa gente se hace católica?».
Según el obispo, muchos políticos «bautizados en la Iglesia católica» no logran «vivir como católicos porque tienen que confesarse». El confesionario, afirmó, es «el tribunal más terrible que tenemos en el mundo», porque ante un corrupto arrepentido, el sacerdote «solo puede decir: "Dios solo puede perdonarte si devuelves el dinero"». «Por eso es mejor entrar en una de esas otras iglesias, sectas, levantar la mano, entregarse a Jesús y seguir adelante, porque no necesitas limpiar tu conciencia», ironizó.
«Ser católico es la cosa más difícil del mundo. La religión más difícil que existe en el mundo es la religión católica», concluyó Mons. Guimarães.







