(kath.net/InfoCatólica) El obispo de Springfield, en Illinois (Estados Unidos), Mons. Thomas Paprocki, conocido por su firmeza en la defensa de la moral católica, ha endurecido notablemente su posición respecto a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X tras las consagraciones episcopales celebradas el pasado 1 de julio sin autorización pontificia. En una declaración fechada el 13 de julio, el prelado sostiene que la Fraternidad es «en el fondo otra secta protestante más».
El problema no es la Misa tradicional
Mons. Paprocki se ha esforzado en delimitar con precisión dónde sitúa la raíz del conflicto, y lo ha hecho descartando expresamente la cuestión litúrgica. «El problema con la FSSPX no es que celebren la Misa Latina Tradicional», afirma el obispo.
Lo que denuncia es otra cosa: «Su problema principal es el rechazo a las enseñanzas del Concilio Vaticano II», al que se suma la desobediencia estructural a la autoridad del Romano Pontífice. Para el prelado estadounidense, esa doble negativa —doctrinal y jerárquica— es la que reproduce el esquema de las comunidades salidas de la Reforma protestante.
Confesiones y matrimonios inválidos
La consecuencia práctica que extrae el obispo de Springfield es de enorme alcance pastoral. Mons. Paprocki ha advertido a los fieles de su diócesis que no participen en las celebraciones de la Fraternidad y ha declarado que las confesiones y los matrimonios celebrados en ella son inválidos.
Se trata de una posición que va más allá de los pronunciamientos previos de la Santa Sede sobre la materia. Conviene recordar que el Papa Francisco concedió en su día facultades a los sacerdotes de la Fraternidad para el sacramento de la penitencia, y que el Papa León XIV no las ha revocado. Entre los canonistas existe debate sobre la validez de estos sacramentos, tal como recoge el corresponsal de Catholic Herald Michael Haynes.
La réplica de la Fraternidad
La FSSPX rechazó los cargos en una declaración del 9 de julio en la que sostiene ser «completamente una obra de la Iglesia» y afirma que sus clérigos son «completamente católicos y en ningún caso excomulgados». La Fraternidad mantiene asimismo que sus sacramentos son válidos y lícitos.
A diferencia de lo ocurrido en 1988, cuando el arzobispo Marcel Lefebvre no acudió a las vías canónicas tras las consagraciones de Écône, la Fraternidad ha iniciado ahora un procedimiento formal contra los decretos de excomunión. Su argumento jurídico se apoya en los cánones 1323 y 1324 del Código de Derecho Canónico, invocando un estado de necesidad en la Iglesia que, a su juicio, excusaría o atenuaría la pena.
Una fractura que se ensancha
El episodio confirma que la ruptura abierta el 1 de julio no ha hecho sino profundizarse. La cuestión de fondo, como subraya Mons. Paprocki, no se resuelve en el terreno de las formas litúrgicas —donde el legítimo amor a la tradición romana no está en discusión—, sino en el de la aceptación del Magisterio y de la autoridad del Sucesor de Pedro. Los fieles que buscan la liturgia tradicional harán bien en recordar que la Iglesia ofrece cauces plenamente católicos para ello, y que ninguna causa, por noble que parezca, justifica situarse fuera de la comunión.







