Un veterano de la Segunda Guerra Mundial de 98 años recibe el bautismo tras toda una vida rezando el acto de contrición
Raymond Martin Sr. es bautizado a los 98 años por su amigo y padrino de confirmación, el diácono Jack Trevino. | © Foto cortesía del diácono Jack Trevino

Se sentía indigno de acercarse a los sacramentos

Un veterano de la Segunda Guerra Mundial de 98 años recibe el bautismo tras toda una vida rezando el acto de contrición

Combatió en Okinawa, fue policía 27 años y rezaba el Rosario con su mujer católica sin haber recibido nunca un sacramento. A los 98 años, Raymond Martin ha sido bautizado en la residencia donde vive, en Arizona.

(EWTN/InfoCatólica) A los 98 años, después de haber combatido en Okinawa y en Filipinas y de haber servido durante 27 años como policía en Illinois, Raymond Martin Sr. pidió ser bautizado. El 16 de julio recibió el bautismo, la confirmación y la primera comunión en el salón de la residencia asistida donde vive, en Tucson (Arizona), rodeado de otros residentes, cuidadores y familiares. Le llevó hasta allí, según relata EWTN News, el recuerdo de su esposa católica y la amistad con un diácono que también había sido policía.

Martin, conocido como «Ray», nunca había recibido ningún sacramento. Su vínculo con la fe católica venía de su difunta esposa, Ann Marie, con la que acudía a Misa y rezaba el Rosario.

Dos policías y una conversación que se volvió seria

El encuentro decisivo se produjo en diciembre de 2025, cuando el diácono Jacinto «Jack» Trevino, capellán de cuidados paliativos y colaborador parroquial en St. Elizabeth Ann Seton, de la diócesis de Tucson, visitó a Martin. Ambos compartían el pasado en las fuerzas del orden y la conversación fluyó de inmediato.

«Ray es una persona extraordinaria», declaró el diácono Trevino a EWTN News. «Congeniamos desde el principio. Hablábamos mucho del trabajo y nos reímos bastante.»

Con el trato, las conversaciones ganaron hondura. «Ray hablaba de su mujer, que había fallecido», recordó el diácono. «Decía que ella era católica y que él iba a Misa con ella y rezaba el Rosario.»

«Un día mencionó que nunca había sido bautizado ni había recibido ningún sacramento, y que quería ser católico», continuó Trevino. «Empezamos entonces conversaciones más profundas sobre la fe.»

Aquellas conversaciones revelaron una convicción ya formada. «Expresó una fe verdadera en Cristo y en la enseñanza de la Iglesia», afirmó el diácono. «Manifestó su fe en la Eucaristía y en la importancia del bautismo y la confirmación. Ray decía que, aunque no era católico, siempre rezaba el acto de contrición.»

Al borde de la muerte

El diácono Trevino y el padre Edson Elizarraras, párroco de St. Christopher, en Marana (Arizona), advirtieron que no había tiempo que perder. Martin había superado un ictus, varias caídas y otros problemas de salud en los últimos años, y en mayo, tras sufrir un segundo ictus, llegó a estar al borde de la muerte.

«Sorprendentemente, Ray salió adelante», relató el padre Elizarraras a EWTN News. «Fue después de ese ictus cuando expresó con claridad su deseo de hacerse católico y recibir los sacramentos de la iniciación.»

Ambos plantearon al obispo la posibilidad de adelantar los sacramentos. Habitualmente, quienes desean incorporarse a la Iglesia recorren un itinerario de uno a dos años en la Iniciación Cristiana de Adultos antes de recibirlos.

«Aunque se casó con una mujer católica y asistía fielmente a la Santa Misa con ella antes de que falleciera, el diácono Trevino señaló que Ray siempre se sintió indigno de recibir los sacramentos, pese a creer en Dios», explicó el padre Elizarraras. «Ray se emocionó hasta las lágrimas al expresar su deseo de la fe católica, y contó que a lo largo de toda su vida había rezado el acto de contrición y el Rosario. Cuanto más lo visitaba el diácono Trevino, más preguntas hacía Ray, lo que mostraba que estaba plenamente convencido y dispuesto a recibir la gracia sacramental.»

«Sí, lo creo»

La celebración se fijó para el 16 de julio en la propia residencia. El responsable del centro había colgado banderolas con cruces para preparar el salón, según relató el diácono Trevino. El padre Elizarraras empleó la forma breve del rito, prevista para quienes se hallan en peligro próximo de muerte.

«En el momento en que me acerqué a saludarlo, empezó a llorar y a sonreír; sabía que aquel era uno de los días más importantes de su vida», recordó el sacerdote.

«De manera muy hermosa, al comenzar la liturgia, el señor Raymond pidió que le acercaran al pequeño y digno altar que habíamos preparado», añadió. «Quería oír con claridad y ver a Dios actuando.»

Al preguntarle si conocía y aceptaba la fe de los cristianos, Martin respondió con firmeza: «Sí, lo creo», y rompió a llorar de alegría. «Durante todo el rito permaneció profundamente atento, sonriendo y meditando de vez en cuando con los ojos cerrados», prosiguió el padre Elizarraras. «Cuando llegó el momento del bautismo, abrió los ojos y cruzó los brazos sobre el pecho, reconociendo aquel encuentro sobrenatural con Dios.»

El diácono Trevino describió la jornada como «impresionante». «Fue una bendición participar humildemente y ser testigo de cómo Cristo, el esposo, derrama su amor y su misericordia a través de su esposa, la Iglesia, en los sacramentos para su pueblo.»

La comunión, en la residencia

Terminada la celebración, hubo magdalenas y una preocupación práctica. «Lo primero que nos preguntó a mi mujer, Elena, y a mí fue cómo podría volver a recibir la comunión, ya que no puede desplazarse para ir a Misa», contó el diácono. «Le prometimos que se la llevaríamos nosotros.»

Martin pidió también una medalla de San Cristóbal, que siempre había querido tener y que es ya, oficialmente, su santo de confirmación.

El padre Elizarraras dijo haber salido de allí «con inmensa alegría y paz». «En la respuesta de Ray a la gracia vi un alma que cobraba vida de verdad.» La escena le trajo a la memoria una frase de la encíclica Deus caritas est, escrita por el Papa Benedicto XVI en 2005: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva». «Para Ray, a los 98 años, ese sacramento fue precisamente ese encuentro, y dio a sus últimos días un nuevo horizonte glorioso», concluyó el sacerdote.

1 comentario

Luis Fernando
Qué maravilla. Gracias por esta noticia.
29/07/26 8:28 PM

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